Violencia de género, la indignidad de nuestra sociedad

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Vivimos tiempos extraños, difíciles de analizar sin la imprescindible perspectiva del tiempo. Cataluña, corrupción política y no tan política, guerras y amenazas nucleares, políticos de poca altura, pobreza extrema, hambruna, sequías, epidemias, desastres naturales, violencia en general… Sí, sí, salvo lo de Cataluña que llevan cien años con la matraca de quererse independizar, el resto no es de ahora, claro qué no, siempre ha sido así, creo que con menor intensidad, pero siempre ha sido así. Sin embargo, resulta complicado no preguntarse ¿cómo es posible que, si nuestra sociedad es más moderna y avanzada que nunca, todo esto continúe sucediendo? Está claro que no podemos evitar un terremoto, pero quizá, la respuesta al resto de cuestiones, venga de la mano de la constatación de que ni somos tan modernos ni estamos tan avanzados. Ya he hablado en diversas ocasiones, en este medio y en otros, al respecto de la clara involución social que vivimos en occidente, por lo que no voy a volver sobre el mismo tema. No, hoy quiero hacer una reflexión escrita en esta ventana a la libertad que es masbrunete.es. Quiero hablar sobre algo que nos está afectando diariamente y que es un mal que hay que curar como sea, pues de verdad pienso que la propia sociedad se está desangrando con cada caso de violencia de género que sucede en el mundo en general y en España en particular.

Es cierto, según diversos datos, que España es uno de los países menos machistas y con menos casos de violencia de genero de toda Europa, de hecho, esos países a los que algunos quieren copiar, son los peores en esta cuestión, estos son Dinamarca, Finlandia y Suecia. Existen múltiples lugares donde consultar esto que afirmo, por ejemplo, en este artículo de “La Información”. Pero no es mi objetivo desmentir la obsesión de la izquierda respecto de que España está a la cabeza de todo lo malo que no sabemos hacer nada bien y que somos un país atrasado y sin principios, todos machistas y amantes del futbol, toros y demás mamarrachadas que suelen decir sin sonrojarse. No, mi intención es alzar la voz, dentro de mis posibilidades, sobre esta lacra, esta vergüenza que supone que una sola mujer, no sea ya asesinada, sino tocada o agredida verbalmente, por un hombre que se vale cobardemente de su fuerza para someterla. Si nuestra sociedad es tan avanzada, ¿cómo es posible que semejante ignominia continúe sucediendo casi a diario? Me resulta vomitivo, igual que a la mayoría de españoles de bien, despertarme con un nuevo crimen, con un nuevo maltrato o abuso.

Tal y como yo lo veo, no existe nada que pueda justificar que un ser humano, salvo en casos de guerra, trate de someter a otro por la fuerza, ya sea un hombre a una mujer, a un niño o a otro hombre. Porque debe ser la fuerza, pero la de la razón, la que doblegue al irreflexivo, el letrado al iletrado y el conspicuo al mediocre. Porque esa sí que sería una sociedad moderna y avanzada, esa sí que sería una cultura digna de proteger. La cultura del yo hago lo que quiero porque quiero, como quiero, donde quiero y cuando quiero, es una cultura tendente a la acracia, en la que, al igual que en los siglos pasados, la ley del más fuerte se impone sometiendo al más débil. La fuerza no puede ser la que dé la razón a unos u otros, la que dé la razón debe ser, en todo caso, la inteligencia y la sabiduría.

Hasta que el ser humano no vea al resto de sus congéneres como iguales, como hermanos, nuestras sociedades no podrán calificarse en modo alguno como sociedades modernas y avanzadas. Tenemos todos que trabajar mucho en esa dirección, en los colegios, en los trabajos, en las casas, desde las administraciones… no puede ser que jóvenes, que han nacido en democracia, que no han vivido en sus casas la violencia de género, que no han pasado necesidad… se permitan el lujo de pensar que son superiores a los demás, en general, y a sus “novias”, en particular. Sin duda, cuando esto ocurre, es porque algo está fallando en la cultura y educación que se les da a los jóvenes. El concepto de “La maté porque era mía” debe desaparecer de la cultura popular a la mayor brevedad, porque es imprescindible que nos concienciemos de una vez por todas, de que nadie le pertenece a nadie, quizá a uno mismo y a Dios, pero a nadie más.

Insisto, la fuerza, en tiempos de paz, nos retrotrae a un Darwinismo que devuelve a nuestra especie a la época de las cavernas y que convierte, claramente, a hombres en animales. Un mundo donde el pez grande, se come al chico.

No más violencia contra las mujeres, no más muertes. Contra la violencia de género 016 o en la web, no esperes a que sea tarde.

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