“Una decisión; una vida”

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Por Luis Ruiz Calvo

Relato finalista en el III Certamen de Relato Corto “Por la Igualdad” 2019 que convoca el Ayuntamiento de Brunete.

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Era una tarde fría de invierno. El agua golpeaba los cristales de las ventanas que aún tenían las persianas levantadas. María apoyaba su frente en el frío cristal mientras miraba como los últimos rayos de sol se diluían sobre su vida. Era una tarde más de un día más,  del que tampoco guardaría recuerdos. De sus ojos brotaban lágrimas mientras miraban al horizonte sin saber bien que es lo que veían, era lo de menos. No tenía mucho que mirar y por el contrario, tenía mucho que desear. Su vida se había reducido a lo que cabía en una caja de zapatos. Apuraba cada segundo de cada atardecer. Era la poca vida que le quedaba, mirar por la ventana y esperar…esperar a que él llegara para que todo cambiase. Sollozaba cuando se acortaban los días y también cuando se alargaban.

Como cada tarde, él llegaba siempre a la misma hora. Nada más cerrar la puerta de la casa, María empezaba a bajar todas y cada una de las persianas de la casa hasta dejarla en una oscuridad tenebrosa que todo lo dejaba vacío. Era como una cueva.  Así lo quería    Joaquín. Hubiera dado lo que no tenía porque un simple día se hubiese entretenido con los compañeros de trabajo, o le hubiera pasado cualquier cosa, incluso cualquier cosa mala. Y sin embargo, cada día llegaba siempre puntual. Y  la vida de María se iba al traste. Dejaba de respirar con normalidad y sus manos se mostraban inquietas. Bajaba la mirada y sus palabras no se atrevían a salir de sus labios, tan solo las mismas frases de siempre y de la misma manera que siempre, de forma taciturna y con miedo; miedo a los golpes, a la forma de habar, a sus ojos que la insultaban, a que la acariciase por la noche… miedo a ser mujer.

Había nacido en Quintanilla de las Torres y la bautizaron con el nombre de María Fuencisla. Hasta que fue una mocita, un autobús la recogía, como a todos los niños del pueblo, para ir a Aguilar al colegio. Algunos veranos trabajó en Fontaneda  para ganarse unas pesetillas y poder gastar a su antojo. Cuando empezó en  la universidad se marchó a Santander a cursar su licenciatura de enfermería y desde entonces, se empezó a llamar tan solo María. Una parte de ella se quedó en el pueblo para siempre, para no volver jamás. Allí conoció a Joaquín y además se enamoró.

María es una mujer bonita y delgada, y llora cada día.

Hoy hace tres años que tomó una decisión que cambió su vida. Una de esas tardes, antes de que él llegara, volvía a estar mirando por la ventana  con su frente apoyada en el frío cristal. Nunca supo donde guardaba las fuerzas que en ese momento la llegaron,  pero llamó a Patricia, su amiga del colegio, y le pidió ayuda. Enseguida vino a buscarla y la sacó  de su casa antes de que Joaquín llegara. Al día siguiente, aún temblorosa,  fueron a denunciar los hechos y el hombre que estaba sentado frente a ella, se presentó con el nombre de Germán.

-Estoy aquí y te voy a ayudar siempre y en todo lo que necesites. Además, me sentaré a tu lado y no frente a ti.

Germán cambió su silla y se colocó junto a ella. Cuando terminaban los trámites una pequeña sonrisa se asomó a los labios de María. Estuvo en casa de Patricia el tiempo necesario  hasta que empezaron a  cicatrizaran sus heridas, que eran muchas. Y aunque aún estaban presentes todas las vejaciones que ese personaje le hizo padecer,  al pasar  cada día de su nueva vida, conseguía llenar su alma de proyectos que la permitían diluir el oscuro tiempo pasado. Una poderosa fuerza dentro de ella la animaba  a seguir;  a caminar hacia delante y a tener fe en el futuro.

Una mañana y de manera fortuita, su vida se cruzó con la de Manuel.  Era una mujer y aún tenía mucho que ofrecer y mucho más que necesitaba  recibir.  Terminó sus estudios de enfermería y buscó un apartamento en el que vivir. Algunos días, cuando la lluvia del invierno arreciaba en los cristales, cerraba los ojos y recordaba su infierno. Pero ahora las persianas no se bajaban, la forma como la hablaban era dulce y esperaba las caricias de la noche. Era toda una mujer y  su compañero, la sabía querer y valorar.

María es una mujer bonita y delgada, y ríe cada día.

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