Un aplauso para la Benemérita

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En estos tiempos que corren, que se esté aun peleando por la equiparación salarial de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado con respecto de los de las Comunidades Autónomas, parece, cuando menos, un ejercicio de estupidez abusiva. Pero, es más, ¿cómo es posible que los hombres y mujeres que a diario se juegan la vida por todos nosotros, resulte que algunos merluzos de medio pelo, se atrevan a criticarlos o, más aun, cuestionarlos? Bajeza moral, y lo digo sin ningún pudor, no les falta a esta caterva de paletos independentistas y de extrema izquierda que no les llega, a ninguno de estos servidores de la Ley, ni a la suela de los zapatos. El extremismo es canalla, sea de donde sea, nacionalista, de izquierdas, de derechas, de donde sea, pero además, es muy peligroso porque, con suma facilidad, logra confundir a los incautos.

Empero, discúlpenme, amables lectores, pues este artículo, muy a pesar de los que me siguen, no tiene la intención, ni mucho menos, de ciscarse en tales elementos subversivos de nuestra decadente sociedad. No, en este artículo pretendo hablar de los maravillosos héroes que han luchado, luchan y lucharán por hacer mejor este país y proteger ese bien tan preciado y frágil que hoy tenemos, la democracia. Héroes, como digo, anónimos que realizan fabulosos milagros salvando la vida a alguien todos y cada uno de los días. Miles de ejemplos hay, seguro que millones entre la Policía Nacional y la Guardia Civil, máxime contemplando con perspectiva su larga historia.

Así, pues, voy a traer a colación uno, entre tantos, que ha pasado tan inadvertido para nuestros compatriotas como el resto, salvo, eso sí, para aquellas personas que lograron alargar su existencia sine die hasta que el Señor decida que ha llegado su verdadero momento de partir.

Hace algo más de un año, en el verano del 17, una gran tormenta de agua y granizo desembocó en una riada que arrasó un campamento ubicado junto al lecho de un barranco seco, el cual se llevó enseres y tiendas de campaña por  igual, poniendo en serio peligro las vidas de unas cien personas acampadas, 14 eran menores de edad, en la zona de La Renclusa, un refugio de montaña situado en la vertiente norte de la Maladeta, en Benasque, Huesca. Fueron los especialistas de montaña de la Guardia Civil y de Seguridad Ciudadana, los que montaron un gran dispositivo para socorrer a la gente y los que se pasaron toda la noche protegiendo y ayudando personal y logísticamente a aquellas personas que acababan de ver cómo la madre naturaleza se llevaba por delante prácticamente todo lo que había en su campamento. La dedicación y el calor humano que estos hombres de la Benemérita les dan a las víctimas, en el día a día, en todo lugar y momento, es algo que una persona de bien no puede obviar.

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Los héroes de aquel día a los que se les ha concedido la Cruz de la Orden del Mérito de la Guardia Civil, con distintivo Blanco, fueron:

Sargento:        Miguel Ángel Torres Pomar

Cabo 1º:          Enrique Rascon Jiménez

GC:                  David Arredondo Sánchez

GC:                  Antonio Hernández López

GC:                  Miguel Morales Aguirre

GC:                  Efer Romero García

Este humilde escritor ha tenido la ocasión de compartir experiencias con los CCFFSE en más de una ocasión, pero en especial, cuando el avatar de la vida me llevó a trabajar de escolta privado en el País Vasco en el año 2001, cuando ETA mataba un día sí y otro también a todo el que se le ponía por delante. Puedo decir, sin lugar a dudas, que se trata de unos profesionales que se adaptan a todas las posibles circunstancias de la vida y de las necesidades de España y sus ciudadanos, y digo ciudadanos, porque ciudadanos no solo somos los españoles. Recuerdo de aquel entonces muchas cosas, pero, sobre todo, cómo su presencia y su actitud profesional, llevaba el orden donde otros no podían o no sabían hacerlo. Rememoro una manifestación frente a la casa de la persona a la que yo tenía que proteger… amenazas e insultos había para todos, algo parecido a lo que pasa hoy día en Cataluña, pero fue llegar un par de Nissan Patrol de la Benemérita y el orden volvió a reinar. Es cierto que también se llevaron su buena ración de insultos, pues ya se sabe que la masa actúa de igual modo que el ganado, cuando uno bala, los demás también lo hacen. Sin embargo, aquella jauría humana, al ver a los agentes, decidió continuar su camino y buscar otro lugar en el que vocear.

En definitiva, un par de gotas no pueden ser representativas en absoluto de todo un océano lleno de agua, sin embargo, pueden servir de ejemplo para mostrar lo importante y necesario que es que nuestros agentes, tanto de la GC como de la PN, se sientan respaldados por todos nosotros, los ciudadanos de bien, al igual que ellos respaldan con sus actos y protegen en todo momento tanto a los ciudadanos de bien como a los que no lo son.

Gracias agentes y enhorabuena a aquellos héroes anónimos de Benasque que no solo actuaron en cumplimiento de su deber, sino que lo hicieron como auténticos amigos de personas a las que jamás, probablemente, habían visto.

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