Soy Hospitalero

jose_luis_ruiz_calvo_bn

 

Por Luis Ruiz Calvo

camino_santiago_destacada

La primera vez que inicié el Camino de Santiago estaba lleno de incertidumbre. Le hice en bicicleta al igual que  los otros cuatro que ya terminé. Como lo de andar nunca ha sido de mi agrado, pues la bici te permite la idea de que estás viajando. En efecto querido lector, es una forma como otra cualquiera de consolarse. Reconozco que todas esas preocupaciones que tenía, se disolvieron ellas solas al segundo día. Es cierto que la primera noche de albergue, en el antiguo de Roncesvalles, un caserón de piedra con una puerta angosta y más de un centenar de literas de aquellas que teníamos en la mili con somier de muelles y dispuestas a provocar todo tipo de ruido a cualquier movimiento de quien ocupa el catre, eran de los menos placentero que te puedas imaginar. Pero, al fin y al cabo, la cabeza en esa noche estaba más en el futuro que en el presente nocturno.

albergue

Albergue.

Con algo de inquietud empecé a dar los primeros pedales. Al pasar a unos cuantos peregrinos que iban caminando les vas diciendo la frase que ya no dejas de oír nunca: buen camino. Así es, desde ese día estas dos palabras te acompañan siempre. Cuando en tus quehaceres diarios ves una persona cargada con una mochila piensas en el camino. Y claro está, cuando alguien lleva una camiseta con la flecha amarilla o cualquier motivo de Santiago de Compostela, en tu cabeza aparece algún detalle de tus vivencias  en el Camino y las dos palabras que tantas veces has repetido y a la vez te han ofrecido a ti, vuelven a ti.

Y este ofrecimiento no significa que tu bicicleta no se averíe nunca, o que las temidas ampollas de los caminantes cargados con esas mochilas a sus espaldas que les cubren más allá de la cabeza, no hagan acto de presencia; o que el sol de Castilla  no te abrase  la nuca y los gemelos, que el agua no te falte, o que la cuesta no se haga interminable  allá por Foncebadón. Todo eso es parte del Camino y los peregrinos lo sabemos. Y no nos importa. Lo que ofrecen es su mensaje de ánimo para que tu propio camino se realice de forma satisfactoria, que los ratitos que tienes para pensar en tus cosas te sean productivos y al mirar al frente y ver la retahíla de caminantes que llevas delante, entiendas que cada uno va realizando dos caminos, uno hacia Santiago y otro hacia su interior.

En ese primer camino me detuve en el albergue de Burgos. Era el mes de agosto y hacía un calor que más bien parecía de Sevilla. Era el antiguo albergue situado cerca del Monasterio de las Huelgas. Ahora, el nuevo está muy cercano a la Catedral. A las 10 se apagaron las luces y vi que el hospitalero dejaba la puerta abierta y se sentaba en un poyo al fresco.  Y me salí con él. Hablamos un buen rato, como si nos conociéramos de siempre. Recuerdo que me dio confianza, ánimo y bastante que pensar. Decidí que haría el Camino tantas veces como él, nueve; y también que algún día quisiera ser hospitalero. No sé cómo se llamaba, pero realmente, es lo que menos me ha importado. Sé que una gran parte de los caminos que he hecho y la experiencia de ser hospitalero, se lo debo a él.

señalizacion_del_albergue

Señalización del albergue.

Hoy me encuentro como hospitalero en el albergue Siervas de María de Astorga con mi compañera Victoria. La Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Astorga me ofreció la oportunidad de ser hospitalero hace dos años y se lo agradezco mucho. Ya he estado varias veces y la experiencia es muy satisfactoria y a la vez complementaria con el hecho de haber realizado el Camino de Santiago. Es genial estar en este lado, en el que recibes al peregrino, como tantas veces han hecho conmigo, y darles un poco de cariño e intentar hacer que se sientan bien, al igual que hicieron conmigo. Dar conversación y ánimo al que inicia aquí el Camino y está, al igual que yo aquél día en Roncesvalles, lleno de incertidumbre.

A las 10 de la noche hacemos el recuento de los alojados y cerramos la puerta. Es cierto que durante el verano el número de ocupantes pasa los 150 y es imposible contarlos, pero en estas fechas oscilan entre dos peregrinos que ha habido el día que menos, a dieciséis el día que más. Se apagan las luces y reina el silencio. Los más intrépidos salen del albergue a las siete de la mañana, a pesar de que les intento avisar de que los lobos llegan hasta las afueras de la ciudad. Poco después encendemos las luces y van saliendo uno tras otro hasta que después del último empezamos con la limpieza. Hay que dejarlo todo bien preparado y limpio para que, a las dos de la tarde ser vuelva a abrir el albergue y nuevos peregrinos acudan. Y así cada día, con nuevas caras, nuevas credenciales, nuevas expectativas, nuevas preguntas y nuevas opciones. Y también, nuevas incertidumbres.

Cada peregrino deja algo y a la vez se lo lleva de aquí. Te alegras con  las bienvenidas y te habitúas a las despedidas. Algunas noches les acompañas durante el rato que están cenando y hablas con ellos de la etapa que les depara el día siguiente y les das ánimo diciéndole que es fácil y corta; o le informas de los albergues abiertos ahora en diciembre, pues hay muchos cerrados. Algunos grupos se dividen las tareas y unos cocinan y otros se ocupan de poner la mesa, te ofrecen un poco de su vino y les ayudas en cualquier cosa que les falte. Es precioso ver como la mesa del comedor que dispone de más de veinte sillas, se llena de diversos idiomas, de diferentes culturas, variopintas comidas o de atuendos de  mejor o peor calidad, pero sobre todo, se llena de Camino, de hospitalidad y de compartir.

señalizacion_del_camino

Señalización del Camino.

Y así se van pasando los días sin diferenciar los festivos de los laborables, pues en el albergue, aunque todos los días son laborables, todos ellos tienen algo de festivo y de alegría. En unos días me iré y vendrá otro compañero hospitalero, y así sucesivamente seguiremos abriendo las puertas mientras los peregrinos busquen llegar a Compostela, a ese campo de estrellas donde Santiago les espera para comprobar que el final del Camino no está en Santiago, está en cada uno de nosotros. Y hay quien como yo, todavía está en el Camino.

COMENTA LA NOTICIA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *