Sobre el Pescaíto y el tiempo que se nos ha dado

cabecera_luis_molina

pescaito

El tiempo, ese bien finito y escaso que se nos ha dado y que, a medida que pasan los años, parece insistir con mayor perseverancia en escurrirse raudo entre los dedos de las manos, cual agua límpida y cristalina del mismísimo Leteo. Sí, han leído bien amados lectores, el Leteo, ese fabuloso río del Hades del que habla la mitología clásica, capaz de provocar el olvido en todas aquellas personas que libaban, cual ambrosía de los dioses, de sus frescas aguas. Empero, volvamos a lo del tiempo que, aunque sin duda en ocasiones le apetece a uno borrar de su memoria determinadas cosas, no es este el objeto de este artículo sino, más bien, como digo, el tiempo… sí, ese tiempo que se nos ha concedido para estar aquí, en este lugar llamado Tierra y en este momento, llamado, según el libro de historia de mi hijo, Era Digital, para mí, una época emocionante e ilusionante tecnológicamente hablando, pero muy triste y decepcionante si lo vemos desde la perspectiva de la evolución de nuestra sociedad y del ser humano.

Resulta curioso pensar las cosas que hacemos con ese tiempo del que hablo, ese tiempo que en cómputo de años, meses, días, horas, minutos o segundos, es el que compone realmente nuestras vidas. Porque al igual que nuestros cuerpos están compuestos tan solo de materia orgánica, nuestra única y auténtica posesión es el tiempo. Podemos tener coches, joyas, casas, vacaciones, dinero… pero la verdadera medida que indica nuestra riqueza, es el tiempo. Ese montón de segundos que podemos pasar en la Tierra disfrutando de esos coches, joyas, casas, vacaciones, dinero… de papá, de mamá, de nuestros hermanos, de los amigos… de la vida en definitiva. Asombra ver lo que hacen algunas personas con ese tiempo al que me refiero, cada uno es libre de emplearlo en lo que mejor le parezca, pero, insisto, es asombroso en algunos casos. Imagínense que pagan por un objeto para disfrutar de un instante actual, pero que por ese instante, no solo se paga con un dinero que ha costado tiempo ganar, sino que además a la postre le va a costar menos tiempo de vida… me explico: tabaco, drogas, alcohol… Trabajamos para obtener dinero, es decir, cambiamos parte de nuestro tiempo de vida, para conseguir dinero con el que comprar cosas para usarlas en nuestro tiempo, fuera del trabajo generalmente. Por ejemplo, se puede emplear tiempo para comprar una cajetilla de tabaco, para disfrutar de un instante efímero de placer renunciando, así, a más tiempo, pues el tabaco, como tantas cosas, acorta nuestras vidas.

Pero disculpad, comienzo a divagar nuevamente. Se nota que hace tiempo que no me asomo a esta ventana de libertad, que es el diario masbrunte.es, y se me agolpan los pensamientos tratando de contar todo lo que no he podido durante largo tiempo a causa, precisamente, de ese tiempo que resulta tan sucinto en nuestro existir.

El tiempo… sí, esa unidad de medida con la que podemos medir nuestro existir y que ya no podrá contar el joven Gabriel, el Pescaíto. Si mis cálculos no son erróneos, que es posible que lo sean, algo más de 252.288.000 segundos de existencia en este planeta llamado Tierra. En este tiempo pudo contar, a buen seguro, con momentos mejores y peores, pudo disfrutar de sus padres, de sus abuelos, de sus seres queridos en general, amigos, juegos… algún llanto que otro… en fin. Sin embargo, ya no podrá hacer nada de eso, porque en esta Era Digital, al igual que en las que la precedieron, Edad Contemporánea, Moderna, Media, Antigua, Prehistórica… somos tan bárbaros como en aquellas y pretendemos continuar disponiendo del tiempo de los demás de forma egoísta, sin plantearnos nada sobre el ayer o el mañana, tan solo el hoy. Este momento, este instante efímero en el que le doy una calada al pitillo y veo fluctuar las volutas de humo que parecen juguetear en un mundo irreal. Esa calada que me ha costado tiempo de mi vida para poder pagarla y que en un futuro no muy lejano me cobrará los intereses en forma de tiempo nuevamente. El Pescaíto no fumaba, no tuvo tiempo, con ocho años, poco tiempo tiene uno para hacer todas las cosas que en esta vida se pueden llegar a realizar. Estoy seguro de que, a pesar de ello, le dio tiempo suficiente para estar más lleno de vida que muchos de los congéneres que hoy continúan ocupando un espacio en este mundo de por sí triste, pero que hoy lo es más por la falta de Gabriel y la de muchos otros como él, que no llegarán jamás a poder tomar la decisión de fumar o no, por el hecho de que alguien, arbitraria e injustamente, ya ha decidido por él.

Por desgracia, el ser humano capaz de lo mejor y de lo peor, no ha dejado pasar la oportunidad para degradar a la especie un poco más si cabe. Partidos de extrema derecha como Unidad Nacional Española, no han tardado en sacar sus proclamas a favor de la pena de muerte, otros, de extrema izquierda, como Podemos, tan abyecto como el primero, han corrido a defender a la acusada y a llamar fascista a todo aquel que clama justicia por la muerte del pequeño Gabriel. Hacen política, gastando su tiempo y el de los demás, tratando de decirnos a los demás qué es lo que tenemos que pensar y opinar, incluso, cómo debemos actuar… ilusos. Lo cierto es que todo eso da igual, será la justicia quien decida qué hacer con la presunta asesina, pero mientras tanto, Gabriel, el Pescaíto, ya no estará aquí, con nosotros, pues su tiempo ha concluido. Ya no podrá jugar, ni estar con su madre ni con su padre, ni visitar a su abuela, ni descubrir todo lo que el mundo tiene por ofrecer. Sus anhelos infantiles, sus sueños de un mañana, a corto plazo pues era muy pequeño aún, se han difuminado como esas volutas de humo de cigarrillo que una ligera y suave brisa es capaz de hacer desaparecer… Sin embargo, Gabriel, el Pescaíto, nuestro Pescaíto, continuará nadando con fuerza dentro de nuestros corazones o, al menos, eso deseo.

COMENTA LA NOTICIA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *