Seguimos la Ruta del Garbanzo desde Brunete a Valdemorillo

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Por Luis Molina Aguirre

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En tan solo 15 kms desde Brunete, llegamos, pasando por Villanueva de la Cañada, al municipio amigo y vecino, Valdemorillo. Uno de esos pueblos fantásticos al oeste de la Comunidad de Madrid capaz de sorprender por su belleza a cualquiera y que, además, entre el 17 y 18 de noviembre han llevado a cabo la ruta de la Garbancera Madrileña donde, como todos bien sabéis, se puede degustar el famoso cocido madrileño con su garbanzo autóctono. Iniciativa que contó con Brunete entre sus municipios pioneros de nuestro municipio y con empeño personal de su alcalde, Borja Gutiérrez. La Garbancera madrileña ha tendido este año una producción de más 55.000 kilos, siendo los municipios impulsores de esta genialidad los municipios de Brunete, Villamantilla, Quijorna, Sevilla la Nueva, Colmenar de Arroyo, Navalcarnero, Boadilla del Monte, Villaviciosa de Odón, Villanueva de Perales, Villamanta, Villanueva de la Cañada, Villanueva del Pardillo, Valdemorillo y Navagalamella.

En esta ocasión, como ya he mencionado, acudo a Valdemorillo, no con el equipo de masbrunete.es, como siempre, sino con mi familia, para pasar un agradable día de otoño con mi esposa e hijo y para comer el cocido madrileño con el fabuloso garbanzo de nuestra increíble tierra y un vino también de Madrid. Tal y como reza en la propia web del Ayuntamiento del municipio, la variedad de locales donde poder hacerlo es muy amplia y, además, te puedes llevar una grata sorpresa en forma de garbanzos:

“Cada comensal participará en el sorteo de premios que entregará al primero de los afortunados su peso en garbanzos. La receta para ‘ganar’, sencilla, cumplimentado la papeleta que se le entregará cada vez que deguste el menú preparado para la ocasión en los locales participantes, por lo que, si se animan vecinos y turistas pueden incluso ‘repetir’ y hacer diferentes escalas, acudiendo a: Restaurante La Bodega, Mesón La Alhambra, La Casa de Tócame Roque, La Espiga, Cervecería Anca Nino, Típico Gastrobar, Restaurante Vanessa, Taberna atípica La Placita, Mesón los Gallegos, Casa Manolo, El Asturcón, Caronte y La Torre”.

En nuestro caso nos hemos decidido por el restaurante Vannesa, un local donde, como su propietario Viorel Mirzan nos indica, se preparan comidas típicas rumanas y españolas y, como no podría ser de otro modo, el cocido madrileño que hemos venido a buscar.

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Nos atiende Verónica, una camarera muy simpática y atenta en todo momento, lo cual, sin duda, es muy de agradecer. Comenzamos, como es natural, con la sopa de fideos que hay que decir que estos se hallaban en su justo punto, algo que no ocurre en todos los sitios, pues tienden a pasarse y a quedar excesivamente blandos. Desde luego este no fue el caso. La sopa fue contundente y tenía un excelente sabor.

La segunda parte del cocido vino con una presentación más que adecuada, garbanzos en su punto, ni duros ni blandos y en cantidad más que suficiente para saciar a los más experimentados comensales. Morcilla, chorizo, jamón, pollo, tocino, patata, zanahoria, judías verdes, repollo… en fin, todo aquello que lleva nuestro plato más típico. La proporción, la presentación y la elaboración, cumplían ampliamente con las expectativas. Debo de decir que nos resultó imposible dar cuenta de todo y accedieron muy amablemente a preparárnoslo para llevárnoslo a casa.

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El vino de Madrid, que entraba con el menú, un Alma de Valdeguerra, sin duda mejorable, se dejó beber. También, por 16 euros que costaba el menú, entraban postres caseros, el tiramisú insuperable, y el café. Además, nos invitaron a un chupito de licor que, sin duda, ayudó a acelerar la digestión de una comida, qué duda cabe, pantagruélica.

En definitiva, tengo que decir que resultó toda una experiencia pasar el sábado en Valdemorillo, no solo comimos excelentemente en el restaurante Vanessa, nombre este que, según nos contó la simpática camarera Verónica, es dado por el nombre de la hija del dueño del local, sino que descubrimos un municipio con rincones muy agradables y con una iglesia, Nuestra Señora de la Asunción, del siglo XVI, construida en el exterior, como nuestra Plaza Mayor de Brunete, de estilo Herreriano, pero cuyo interior resulta una gran sorpresa, pues nos encontramos con un gótico tardío y una imaginería y cuadros, destacando el de “La última cena”, que resulta un placer para los sentidos, al igual, que el cocido madrileño.

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