Secesión, sedición…cultura y educación

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A pesar de reconocer que me encuentro ya un poco harto de esto de los Jordis, Puigdemont y del famoso artículo 155 de la Constitución, que hasta hace dos días no conocía ni el tato, hoy, por desgracia, he de ahondar un poco en esta cuestión, si bien, lo voy a hacer desde una perspectiva distinta, desde la perspectiva que explica, de algún modo, lo que está pasando en Cataluña y en el resto de España. Espero que no se me malinterprete, pero si así es, pues que así sea.

Comencemos por el principio. Existe una gran diferencia entre los términos secesión y sedición. Veamos qué es lo que dice al respecto la RAE:

  • Secesión

Acción por la cual se separa de una nación una parte de su pueblo y de su territorio.

  • Sedición
  1. f. Alzamiento colectivo y violento contra la autoridad, el orden público o la disciplina militar, sin llegar a la gravedad de la rebelión.
  1. f. Sublevación de las pasiones.

Como se puede apreciar clarísimamente, no son en absoluto sinónimos, de hecho, se parecen lo que un huevo a una castaña. Eso sí, suenan parecido. Y alguno se estará preguntando, “Pero bueno, ¿a qué viene esto ahora?” Sinceramente, me alegro mucho por el que este planteándose esa cuestión, porque os aseguro que muchos otros están diciendo “¡Aaah!”. No sé si me explico.

Por alguna extraña circunstancia, que se me escapa por completo, media España piensa que juzgar a los mamarrachos de los Jordis y demás caterva con ideas decimonónicas, por sedición, significa que los van a emplumar por tratar de separar a Cataluña del resto del país. Lo cual, por otra parte, no estaría mal que lo hiciesen, pero lo cierto es que no son esos los cargos que pesan sobre sus cabezas, si fuesen esos, sería por intento de secesión y no sedición. La diferencia de significado es importante, pero, sobre todo, lo importante es la diferencia legal, pues en el caso de intento de secesión, estaríamos ante la preparación de un delito, mientras que, en la sedición, estamos ante la culminación y ejecución del delito en sí. Pero, en fin, no me quiero meter en el mundo del Derecho, pues, “Doctores tiene la Santa Madre Iglesia que os sabrán responder”, mejor que yo, sin duda.

El colmo del desatino, no viene porque haya gente que confunda un significado con otro, sino, porque aquellos que no debían caer en semejante error, lo hagan. El otro día no pude por más, que quedarme perplejo ante un comentario de un periodista que confundía secesión con sedición, es más, el resto de compañeros que debatían sobre el problema catalán, parecían no darse cuenta de semejante error. Y esto me lleva justo a donde yo quería llegar.

¿Por qué una parte importante de los catalanes quieren separarse de España? Pues la respuesta, otrora complicada, hoy se torna perfectamente sencilla, clara y evidente. Existe en España en general y en Cataluña en particular, un gran problema de educación, pero educación cultural, porque de la otra, de la del respeto a los demás, mejor ni hablemos. Un problema acrecentado por el desatino que supuso transferir esas competencias a comunidades autónomas cuyo único propósito ha sido adoctrinar a los impúberes, con el objetivo de, tras pasar esa etapa de sus vidas, poder contar con auténticos fanáticos de una causa que solo les puede llevar por mal camino. La dejación de funciones de la administración central, en este caso, es gravísima, pues la educación de una o varias generaciones, no puede quedar jamás al albur de una serie de nefandos personajes cuyo único objetivo es lograr ser el dictador de unos pobres diablos embrutecidos gracias a la abominable, pero medida y meditada, gestión educacional de aquellos.

Tal y como yo lo veo, ha llegado el momento de juzgar a los elementos sediciosos, por desobediencia al Tribunal Constitucional y a los demás Jueces y Magistrados, así como por el incumplimiento sistemático de las leyes y de la Constitución que todos los españoles nos hemos dado y que nadie tiene derecho a arrebatarnos. Y, ha llegado el momento también, de recuperar algunas competencias, en especial la de la educación, porque no se puede dejar que se dé clases de odio en un aula pública, en lugar de matemáticas, ni denostar un idioma hablado por cientos de millones de personas en todo el mundo, por una clase de un idioma tan minoritario como es el catalán, el cual ha de ser respetado y protegido, pero en los términos que recoge la propia Constitución del 78. Ha llegado el momento de dejar de mirar para otro lado y comenzar a poner orden dentro de nuestra casa. La Ley no es ese texto aburrido que te obliga o prohíbe hacer determinadas cosas, no, en absoluto. La Ley es ese maravilloso don que, en democracia, aceptamos la mayoría para que podamos disfrutar de nuestros derechos de forma libre, pacífica y sin invadir ni perjudicar los derechos de los demás. La Ley es quien nos garantiza que todos somos iguales y que nadie, ni el más fuerte del “barrio”, puede venir a imponernos su criterio o sus decisiones. Porque el más fuerte, en democracia, el Estado de Derecho y la Ley, que son los que tienen el monopolio de la fuerza, como no puede ser de otro modo.

Así que, por favor, si dudamos del significado de una palabra, acudamos al diccionario, ya sea en papel o digital, pues, un pueblo civilizado se diferencia del que no lo es, tan solo por su cultura, sus leyes y el nivel de cumplimiento de estas últimas.

            La civilización es una carrera entre la educación y la catástrofe.    Herbert George Wells (1866-1946) Novelista, periodista e historiador inglés.

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