Rutas gastronómicas: el Judión de El Barco de Ávila

pollos_asados_brunete_def

Patrocina esta información

Por Luis Molina Aguirre

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

A 80 kilómetros de Ávila, con unos doce kilómetros cuadrados y poco más de 2.600 habitantes, hallamos un precioso municipio, enclavado en la fecunda falda de la sierra de Gredos. Si bien es cierto que podría estar refiriéndome a varios pueblos de la zona, la verdad es que, en esta ocasión el equipo de masbrunete.es nos hemos trasladado al precioso lugar que da nombre a las judías con Indicación Geográfica Protegida. Este no es otro que El Barco de Ávila. Nuestro objetivo, como es evidente a estas alturas, es degustar dicho manjar, pues si gastronómicamente hablando hay algo famoso en Ávila, además del apreciado chuletón, son las judías de El Barco, no en vano, se trata de las primeras legumbres en España que lograron, allá por el año 1989, la protección de la Denominación de Origen Específica. Más tarde, ya en el año 1996, la UE otorgó a estas leguminosas la Indicación Geográfica Protegida (IGP). Es de justicia añadir a lo anterior, que la producción de estas judías se extiende no solo a El Barco de Ávila, sino también a Piedrahita y a El Tejado, municipio este que ya pertenece a la provincia de Salamanca.

siete_variedades_judias

Siete variedades de judías reguladas por la Indicación Geográfica Protegida (IGP).

 La IGP ampara siete variedades distintas de judías, a saber; Blanca riñón, Blanca redonda, planchada, Judión de Barco, Arrocina, Morada Larga y Morada redonda. Su calidad está ligada a la finura de la piel, su alta mantecosidad, granos íntegros y sabor único y suave, que combinan sin problemas con todo tipo de ingredientes, ya sean carnes o pescados.

 Así, pues, en busca de tan suculentas legumbres hemos partido de Brunete a las siete de la mañana, llegando a una hora más que recomendable como para poder pasear y disfrutar de tan bello municipio, antes de dedicarnos a fondo a llevar a cabo con esmero nuestra labor encomendada. Aparcamos junto al espectacular puente románico del siglo XII que atraviesa el argénteo río Tormes. Cruzamos al otro lado para contemplar la Ermita del Santísimo Cristo del Caño, templo del siglo XIII. Volvemos sobre nuestros pasos para hacer un alto en medio del puente y así observar las apacibles aguas del río y la salvaje naturaleza que se abre ante nosotros.

castillo_de_valdecorneja

Castillo de Valdecorneja, El Barco de Ávila.

Tras un breve y tranquilo instante, proseguimos nuestro camino por el paseo de Yecla, hasta alcanzar el imponente castillo de Valdecorneja, fortaleza construida en el siglo XII y que ya habíamos contemplado, en la lejanía, desde el puente románico. Ahora, de cerca, se nos antoja más impresionante, si cabe. Tras algunas fotos y después de deleitarnos con tan soberbia construcción, decidimos desandar lo andado, para ir bordeando el Tormes hasta alcanzar de nuevo el puente románico. Aprovechamos, por el camino, para ir cogiendo y comiendo a la vez, algunas moras que, tal y como publicamos hace unas semanas en masbrunete.es (“Septiembre, época de las moras ¿conoces todas sus virtudes?”), son bien sanas a la par que deliciosas. Subimos por la calle del puente, hasta alcanzar la calle de San Pedro del Barco, donde a nuestra espalda, en la plaza de las Acacias, hallamos la imponente Iglesia Parroquial de la Asunción de Nuestra Señora, construida en el siglo XII, pero reformada en profundidad dos siglos después, y en cuyo interior pudimos contemplar el retablo mayor del siglo XVII de estilo barroco, entre otras joyas.

puente_romanico_rio_tormes

Puente románico sobre el río Tormes, El Barco de Ávila.

Avanzamos, tras visitar dicha iglesia, hacia la calle San Pedro del Barco, donde encontramos, a mano izquierda, la ermita donde nació el santo y donde se conserva el húmero de este, ya que el resto del cuerpo fue enterrado en la Basílica de San Vicente, en Ávila, por circunstancias que no vienen a cuento ahora narrar, pero que, sin duda, son harto interesantes. Avanzamos, pues, hasta llegar a la plaza de España, donde bajo sus soportales vislumbramos distintos bares y restaurantes. En uno de ellos decidimos practicar el ya necesario yantar y así degustar las famosas judías de El barco de Ávila, motivo real de tamaña aventura, la cual no finaliza aquí, ni mucho menos, no así el presente artículo, que por razones obvias no se ha de alargar más.

Por último, convenimos todo el equipo recomendarles que, si ustedes pasan por estos lares, no dejen de avituallarse con las famosas judías de El Barco de Ávila, que cuentan con la bien merecida Indicación Geográfica Protegida, por su excelente calidad y sabor. Ya que estamos seguros de que agradecerán semejante buen consejo.

COMENTA LA NOTICIA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *