Polonia, nuevo terremoto en la UE

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Por Luis Molina Aguirre

 

 

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No es mi primer artículo, ni seguramente el último, al respecto de la terrible inestabilidad que sufre la UE, no ya solo a raíz del famoso brexit, sino como consecuencia de los distintos intereses partidistas de los Estados Miembros, que al igual que sucede dentro de nuestras fronteras, cada uno de estos trata de remar en la dirección que mejor le parece, no necesariamente la que más le conviene, haciendo que el “barco” común navegue sin rumbo fijo ni definido, resultando, así, muy complicada su gobernanza. Por si fuese poco los múltiples problemas de la UE, que no parecen ser capaces sus Señorías de resolver, se añade la “bomba de relojería“ que tiene instalada la Unión en sus propias entrañas. Me refiero al grupo de Estados denominado Visegrado (Hungría, República Checa, Eslovaquia y Polonia), al que deberíamos sumar también Rumanía. Todos estos son países que parecen haberse declarado en rebeldía contra los valores que sustentan los pilares básicos de la propia organización, algunos tan importantes como el respeto al Estado de Derecho y la separación de poderes. Sin embargo, de todos ellos destaca Polonia por su claro giro autoritario, al pretender acabar con la separación de poderes, uniendo claramente el poder ejecutivo con el judicial, algo que a todas luces resulta inadmisible para un Estado Miembro de la UE.

El Gobierno ultraconservador polaco, que se autoproclama defensor de los valores tradicionales cristianos y europeos, ha propiciado un control absoluto sobre la elección de jueces y magistrados, pudiendo llegar a sancionarlos y/o apartarlos de sus puestos, incluso a los propios magistrados del Tribunal Constitucional, según libre arbitrio del ejecutivo. El objetivo del partido gobernante, el PiS (Ley y Justicia), sería aprovecharse de ese duro control sobre el poder judicial, para introducir una serie de reformas que afecten al propio funcionamiento del Estado, sin que se le pueda llegar a ejercer ningún tipo de control judicial ni fiscalización. De hecho, la administración polaca ya se encuentra preparando una serie de medidas para limitar la libertad de expresión, poniendo límites a la presencia de medios extranjeros dentro de sus fronteras, cosa que, sin duda alguna, va en contra de uno de los derechos fundamentales baluartes de la UE, como es el de la libertad de prensa.

Por todo esto, Polonia se encuentra en una situación complicada, pues la UE ya ha amenazado y de hecho ha iniciado el procedimiento para activar el artículo 7 del Tratado de la Unión Europea, a fin de presionar al ejecutivo polaco y hacerle desistir de su polémica reforma del Poder Judicial. Ahora bien, ¿qué es ese artículo 7? Pues, se trata de un mecanismo de control por el que a propuesta de 1/3 de los Estados miembros “… el Consejo podrá decidir, por mayoría cualificada, que se suspendan determinados derechos derivados de la aplicación de los Tratados al Estado miembro de que se trate, incluidos los derechos de voto del representante del Gobierno de dicho Estado miembro en el Consejo“. Y todo ello como consecuencia de la vulneración del art. 2 del TUE. No quiero entrar en disposiciones legales ni articulados de Tratados Internacionales, a fin de no aburrir profundamente al amable lector, pero se hace preciso aclarar qué dice ese artículo 2: “La Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres.

Es decir, Polonia, que es la quinta economía de la UE tras el brexit, podría llegar a encontrarse con que perdería el derecho a voto en las Instituciones de la UE y, además, podría perder los Fondos de Cohesión que la UE le concede. Básicamente, seguiría teniendo obligaciones con la UE, pero se limitarían seriamente sus derechos. Algo que como resulta obvio es muy poco probable que acepte un Estado Miembro de buena gana. Llegado a ese punto, es más que probable que el Gobierno decidiese salirse de la organización con el terrible perjuicio (o no), económico que esto podría acarrear a la organización.

No obstante lo anterior, para que a Polonia la puedan sancionar con el art. 7, es preciso el voto unánime de todos los países miembros de la UE, cosa que parece poco probable a tenor del comportamiento del ya mencionado grupo Visegrado y muy especialmente el de Hungría que ya se ha posicionado claramente del lado de los polacos, afirmando que nunca votarán a favor de la aplicación dicho artículo.

Finalizo. ¿Qué puede suceder tras los tremendos retos que debe superar la UE y que parece poco probable que logre hacerlo? Llevo tiempo avisando en varios de mis artículos de opinión, en este y otros medios, de que la Unión Europea se está poco a poco desintegrando, básicamente por falta de instrumentos para tomar decisiones importantes. Demasiados países extranjeros están deseando que esto suceda, no olvidemos que la UE, es la primera economía mundial, si además le sumamos las deslealtades internas, algo similar a lo que le sucede a España con Cataluña, resulta más que evidente que más tarde o temprano el fin de la organización llegará, especialmente porque la UE no es un Estado como España, y carece de instrumentos apropiados para evitar una rebelión dentro de su seno. Desde la modesta opinión de este pobre escritor, la única posibilidad de que la UE se salve de un naufragio total, es que se reinvente así misma, que suelte lastre y tan solo deje a aquellos países que realmente crean que ella y que estén dispuestos a remar en una única dirección. La UE necesita esa Constitución non nata de 2004, pero mejorada, con normas claras e indiscutibles. No se puede permitir que el veto de un Estado Miembro, propicie que otro Estado Miembro se convierta de facto en una dictadura y que no respete el Estado de Derecho dentro del propio seno de esta Unión Europea que tanto ha hecho por nosotros pero que, me temo, poco más va a poder seguir haciendo como no tomen cartas en el asunto los cuatro países que hacen que este chiringuito funcione, Alemania, Francia, Italia y España.

 

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