Moverse contra el Alzheimer

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Por Marisol López-Varela Celdrán

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Que el ejercicio es fundamental para llevar un estilo de vida saludable no es un secreto. No en vano, infinidad de informes han constatado que la actividad física es beneficiosa para luchar contra afecciones como las cardiovasculares, la obesidad o la diabetes. Pero hoy, 21 de septiembre, fecha en que celebramos el Día Mundial del Alzheimer, conviene recordar que el ejercicio también es eficaz para prevenir esta enfermedad neurodegenerativa.

Un mal caracterizado, entre otras cosas, por la pérdida –en un principio gradual y posteriormente rápida– de la memoria que afecta ya a 46 millones de personas en todo el mundo y a más de 800.000 en España. De seguir así esta tendencia, en 2050 habrá más de 130 millones de enfermos en el planeta. Analizando estas cifras [que podemos encontrar en ADI (Alzheimer’s Disease International), su federación mundial de asociaciones], es evidente que el Alzheimer se ha convertido en uno de los retos más importantes para la salud pública de cara al futuro. Más aún teniendo en cuenta que no hay por el momento ninguna cura para ello y el incesante envejecimiento de la población mundial.

Así, el ejercicio se perfila como un arma preventiva para frenar la demencia. Según un estudio dirigido por investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles (EE UU) y publicado en la revista Journal of Alzheimer’s Disease, “dar paseos, caminar, bailar, montar en bicicleta o practicar jardinería puede ser suficiente para reducir en hasta un 50% el riesgo de desarrollar alzheimer”. Los resultados mostraron que el incremento de actividad física se asociaba con un mayor volumen de los lóbulos frontal, temporal –incluido el hipocampo– y parietal del cerebro. Y asimismo, que aquellos participantes con un mayor volumen cerebral como consecuencia de una mayor actividad física tenían un riesgo hasta un 50% menor de alzhéimer y otras demencias”.

No es el primer estudio que sustenta esta idea. En 2014, un trabajo publicado por Frontiers in Aging Neuroscience examinó el impacto de la Actividad Física en personas entre 65 y 89 años, en donde muchos de ellos tenían historial de Alzheimer. Dicha investigación probó que incluso la práctica de ejercicio físico en cantidad e intensidad moderadas puede disminuir la progresión de esta enfermedad.

En los últimos años, los científicos han descubierto que las personas que tienen el gen conocido como e4 tienen mayores probabilidades de padecer Alzheimer. Trabajando con esa muestra de población, los expertos de la Cleveland Clinic también han convenido que el ejercicio es un vehículo muy efectivo para la prevención. Los científicos de Cleveland escanearon los cerebros de los pacientes, dividiendo los resultados en cuatro grupos: un primer bloque en el que se incluyó a portadores del gen e4 que no hacían ejercicio; un segundo en el que reunieron a personas con el gen e4 que sí practicaban deporte; y otros dos grupos compuestos por enfermos sin el gen dependiendo de si se ejercitaban o no. Tras repetir el escaneo 18 meses después, para analizar el progreso, las pruebas determinaron que los miembros del grupo que portaban el gen e4 y no se ejercitaron experimentaron una atrofia significativa de su hipocampo. Se había reducido en un 3% en promedio. Los doctores llegaron a la conclusión, que las personas con el gen e4 y que se ejercitaban tenían las mismas probabilidades de padecer Alzheimer que aquellas personas que no tenían este gen.

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Por tanto, todo apunta a que la actividad física es beneficiosa para el cerebro, no sólo porque favorece la circulación de la sangre sino también porque aumenta las sustancias químicas que lo protegen. Según explican expertos como el doctor Jonathan Graff-Radford, hacer ejercicio varias veces por semana de 30 a 60 minutos al día puede brindar los siguientes beneficios:

– Mantener la capacidad de pensar, razonar y aprender en las personas sanas;

– Mejorar la memoria y las habilidades de razonamiento, juicio y pensamiento (función cognitiva) en las personas con enfermedad de Alzheimer leve o deterioro cognitivo leve.

– Retrasar la aparición del alzhéimer en las personas en riesgo de padecer la enfermedad, o relentizar su evolución.

Por último, la revista Mayo Clinic Proceedings  publicó el pasado año otro estudio examinando la incidencia del ejercicio físico y las enfermedades mentales. Gracias a la colaboración de 24.000 personas, de entre 70 y 80 años, investigaron el riesgo de padecer Alzheimer y la relación con el ejercicio físico. Los resultados resolvieron que quienes habían realizado actividad física los cinco años previos, desarrollaron la enfermedad un 40% menos que quienes no habían hecho ningún ejercicio. Además, la recomendación de la Organización Mundial de la Salud de realizar al menos 150 minutos a la semana actividad física, refuerza estas investigaciones.

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