La ciudad como centro de poder. Un ejemplo castellano: Lerma (IV parte y final)

jose_luis_ruiz_calvo_bn

Por Luis Ruiz Calvo

En la villa castellana de Lerma, tanto el palacio como  el numeroso grupo de conventos que en este inicio del siglo XVII se realizan, presentan un estilo muy dependiente de los modelos renacentistas y, particularmente las fachadas, las podemos considerar totalmente herrerianas y herederas del Monasterio del Escorial. Si observamos la fachada norte del Escorial, la podríamos traspasar perfectamente en menor escala a la fachada principal del palacio ducal de Lerma. El palacio presenta una fachada simétrica típicamente renacentista de clara tradición herreriana que asoma a la fabulosa plaza, utilizando el lugar del castillo medieval existente. Diseñado con tres plantas en perspectiva y una perfecta simetría disponiendo la puerta de acceso centrada, con columnas sobre podio,  en las que apea un frontispicio semicircular y sobre él, un balcón presidencial flanqueado por  sendos escudos de armas del duque, anillados  con el laurel de la victoria. Otro detalle a significar en el exterior son las cuatro torres con chapitel a cuatro aguas y terminado en bolas, veleta y cruz, simbolizando al mundo dirigido por la superioridad de Dios. Este número de torres tan solo estaba permitido a las edificaciones reales, pues no se permitían más de dos torres. Cuando Felipe III llegó al palacio el Duque de Lerma buscó una respuesta airosa y nada le ocurrió.

puerta_acceso_palacio_ducal

Puerta de acceso al Palacio Ducal de Lerma, Burgos.

En su interior un patio a modo de claustro de dos pisos interesantísimo, siendo el superior adintelado y con columnas jónicas. El piso inferior, presenta en las crujías, arcos de entibo para las hileras de columnas de estilo toscano y con fuste altísimo de una sola pieza, debido a que el duque era el propietario de la cantera y no tuvo reparo en utilizar todo el dinero necesario para la realización de tan magna obra. En una esquina de la crujía este, arranca una escalera de piedra de un solo tramo y que ocupa el total del ancho del espacio.

Frente al palacio, la plaza presenta una planta rectangular cerrada, salvo las calles que dan acceso y salida de ella. Los laterales están ambos soportalados, con columnas de piedra y las fachadas de ladrillo. Esta plaza fue el espacio ideal para las fiestas privadas de todo tipo, que el duque propiciaba al rey para su diversión, así como para destacar su posición social emergente. Los autores como Lope de Vega o Góngora irían a Lerma para representar sus obras, lo que otorgaba también al valido la imagen de protector de las letras y custodio de la sabiduría. Realmente era todo un orgullo para el Duque de Lerma.

Mención especial merece la Colegiata de San Pedro, en la actualidad ex-colegiata,  a la cual se accede  también por el pasadizo del que anteriormente comentamos. El Duque de Lerma ayudado por su tío, consigue de la Santa Sede que la iglesia de San Pedro adquiera el rango de Colegiata. A partir de 1613 el edificio va tomando el aspecto que la dignidad de la villa requiere y aunque mantiene las tres naves de igual altura con  bóvedas góticas de ojivas y cabecera con deambulatorio, para ofrecer una imagen de templo catedralicio en el interior, al exterior el clasicismo y el estilo herreriano sobrio no se ocultan, dando como resultado un edificio de buenas proporciones. La portada de acceso presenta un arco de medio punto enmarcado por dos columnas toscanas y entablamento decorado; en las enjutas la escena de la Anunciación y en el cuerpo superior una hornacina con la imagen de San Pedro y coronado por el escudo del duque. Un retablo barroco dedicado a San Pedro conforma el altar mayor. El templo se termina en 1617, un año antes de la caída del duque de Lerma, con grandes celebraciones  en su inauguración, a las que acude el propio rey Felipe III.

Otra de las iniciativas del Duque de Lerma fue la erección de numerosos conventos que dan a la villa esa imagen palacial y conventual.

El convento de San Blas se sitúa a la derecha de la fachada principal del palacio a modo de cerramiento al exterior de la plaza, por donde surge una calle y que en sus principios estaba unido al palacio por un pasadizo voladizo con arcos. Trasladada la comunidad religiosa a la villa desde Guadalajara, se trae también las reliquias del santo titular. Edificado entre  1613 y 1617 al igual que la Colegiata, fue el convento más importante ocupado por una comunidad de monjas dominicas. La fachada exterior sigue el modelo de La Encarnación de Madrid iniciado con una portada con dos ventanales laterales y en el cuerpo superior dos triángulos que oponen el vértice. Este ejemplo añade un último piso antes de rematar en un frontón con óculo, que en su piñón presenta una cruz sin bola.

El convento de la Asunción es el más antiguo de Lerma y se funda por el interés de la nuera del Duque de Lerma con una iglesia de planta de cruz latina con crucero de bóveda rebajada y de una gran sencillez, al igual que el retablo que ocupa el altar. Cabe destacar  cuadros de Carducho que también trabajó en el Monasterio del Paular en la sierra madrileña, así como un Cristo yacente de Gregorio Fernández. Con posterioridad a su fundación, se le añade la fachada, que esta, ya se presenta en un barroco clásico por lo que difiere mucho del resto de templos de Lerma. Hasta 2010 estuvo con franciscanas clarisas que realizaban unos exquisitos dulces en clausura, que se pudiéndose adquirir en el torno del monasterio.

El Convento carmelita de la Madre de Dios está situado frente al Arco de la Cárcel que da acceso a la calle en cuesta que nos conduce  hasta la plaza y el palacio. Su fachada es, al igual que el de San Blas una copia de la Encarnación aunque en este caso algo más sobria y a día de hoy bastante deteriorada al estar junto a la carretera nacional I. Realizado entre 1608 y 1610 su primera Priora fue la suegra de su hijo mayor el Duque de Uceda, con la intervención personal de Francisco de Mora arquitecto primero del palacio. Fue habitado hasta hace muy pocos años.

Construido para frailes carmelitas el convento de Santa Teresa se realiza en 1617 y asiste Felipe III y toda la corte a la inauguración. Posee iglesia de cruz latina inscrita y fachada al estilo puramente carmelita tan copiado en la villa, con dos pilastras que cierran la fachada y arquitrabe con un frontón rematado en bola y con óculo para la luz interior. Sobre la puerta de acceso una hornacina con la imagen de santa Teresa como doctora de la iglesia y en el cuerpo superior escudos del duque y de la Orden Carmelita.

Por último, el convento de Santo Domingo, construido por iniciativa del duque entre los años de 1613 y 1617, y también se encarga de ello Fray Alberto de la Madre de Dios. En su fachada ya aparecen elementos más propios del barroco clásico, como es el frontispicio cortado que corona la hornacina que presenta la estatua del fundador de la Orden, y los siempre presentes escudos del duque y la Orden, en este caso la de Los Predicadores, aunque en esta ocasión es una espadaña barroca con dos troneras quien corona el templo. No obstante vemos que repite el modelo clásico de La Encarnación, al igual que la mayoría de los conventos de la villa. Después del paso de las tropas napoleónicas de desacralizó y hoy es utilizado por el ayuntamiento para usos varios.

En 1618 Francisco Sandoval y Rojas cayó en desgracia para bien de España. Sería su hijo, el Duque de Uceda uno de los que más contribuyó a la caída de su padre y quien le sucedería después hasta la llegada en 1621 del nuevo rey Felipe IV, que enseguida colocó a su propio valido al frente del gobierno siendo este el Conde de Olivares y Duque de Sanlúcar. No obstante, y como previsión de su pérdida de confianza real, tomó los hábitos y el Papa le otorgó la dignidad de Cardenal, evitando así las iras de sus enemigos, a la vez que a la justicia. Sus últimos días los pasó entre Lerma y Valladolid muriendo en esta ciudad en mayo de 1625. La vida en la villa se fue apagando y no sería hasta la boda de Luis I y Luisa Isabel de Orleans, casi cien años después cuando volvería a tener su momento de gloria.

Rubens le pintó en su máximo apogeo, a lomos de un caballo al trote, una armadura brillante e impecable  y  con el bastón de mando en su mano derecha, en una ostentación de poder que tan solo a los reyes les estaba permitido, mientras que al fondo se observa una batalla. Lerma se presenta en este cuadro como el líder victorioso que conduce a la nación a la gloria, emulando a los emperadores de la antigüedad y tomando la imagen de Carlos I que tras la batalla de Mühlberg, Tiziano realizo a nuestro gran emperador.

En los mentideros de la corte, esta coplilla se hizo muy familiar:

“Para no morir ahorcado,

el mayor ladrón de España,

se viste de colorado.”

 

Durante el gobierno de Felipe González se encarga la rehabilitación del palacio a Peridis, pero con el cambio de gobierno la idea se apartó. Tras varios procesos, en el año 2003 se abre como Parador Nacional de Turismo.

Bibliografía:

Órdenes y espacio: sistemas de expresión de la arquitectura moderna. Esther Alegre y Consuelo Gómez. UNED. 2017

Imágenes del poder en la edad Moderna. VV.AA. Ed. EURA- UNED.- Madrid 2015.

En la red:

Fotografías: Wikipedia

www.artehistoria.com

www.citlerma.com

 

COMENTA LA NOTICIA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *