La ciudad como centro de poder. Un ejemplo castellano: Lerma (III parte)

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Por Luis Ruiz Calvo

A veces, estos nobles llegaban a crear nuevas ciudades o a ennoblecer las villas en las que había nacido como es el caso de la villa burgalesa de Lerma, cuna de don Francisco  Gómez de Sandoval- Rojas y Borja, Duque de Lerma. Esta idea de nueva ciudad surgirá asimismo en  Italia, donde  Vespasiano Gonzaga creará la nueva ciudad de Sabbioneta, con murallas defensivas, plaza mayor ducal, diseño ortogonal con calles que se cruzan en ángulo recto. También en Francia, la ciudad de Richelieu, este acérrimo enemigo de España, buscará una uniformidad en las fachadas y todo ello relacionado con el castillo como símbolo de su poder.

Entre 1601 y 1605 la corte se trasladará de Madrid a Valladolid y el duque aprovechará la reforma de la ciudad del Pisuerga para, a la vez, reformar por completo  su ciudad natal,  que utilizará como lugar de retiro y de fiestas. Estas se  celebrarán en la plaza del palacio y  servirá también como motivo de entretenimiento del rey y, ya de paso, intentar que este no se enterase de su ilícito enriquecimiento con la compra y venta de edificios en Valladolid y posteriormente Madrid, cuando decida devolver la capitalidad a la villa castellana.

Mediante un pasadizo aéreo que cierra un lado  de la plaza se accedía sin ser visto a la Colegiata de San Pedro para evitar que el señor y los cortesanos tuvieran que salir a la calle y evitar ser vistos. Esta idea del pasadizo ya estaba en la Florencia de los Médicci en su famoso “corredor vasariano” que unía la Signoría con el Palacio Pitti – poder político y su residencia- . Paradójicamente, estos pasadizos hicieron que el distanciamiento del poder frente a los súbditos creara una veneración hacia el monarca y fueron un tema del que hablaron los ciudadanos e incluso escribieron con audacia los escritores políticos. Al volver la capitalidad a Madrid, en clara alusión a este pasadizo, se murmuraba  que esta, la Corte, volvería a Madrid por un pasadizo para no ser vista.

El Duque de Lerma utiliza su villa para el enriquecimiento de su prestigio personal y demostración absoluta de su poder. No olvidemos que siendo el valido de Felipe III mantuvo una relación clientelar con la nobleza española y nada se conseguía ni se consentía  sin su mediación. Y para él era necesario crear un espacio donde demostrar su enorme poder y, como veremos a continuación, realizar propuestas que tan solo estaban permitidas al rey de España y ni tan siquiera a los miembros de la Casa Real.  Será Francisco de Mora quien diseña la planta del palacio, la plaza, los jardines y el pasadizo que le unía con la colegiata. Fray Alberto de la Madre de Dios será quien se ocupe de proyectar los conventos y finalmente, Juan Gómez de Mora, al fallecer su tío se encargará de terminar todo el conjunto y dotarle de uniformidad, donde volvemos a ver la idea ya representada de Palacio-Iglesia- Plaza.

En España las construcciones del primer Barroco presentan una continuación de las ejecutadas en el Renacimiento y su vinculación es innegable, incluso el estilo Herreriano tan austero y realizado en el manierismo renacentista,  con ese marcado carácter tan español de los Austrias, perdura en estos primeros tiempos del Barroco. Este hecho se da tanto en las ejecuciones como el algunos de los motivos de decoración, sirviendo como ejemplo los pináculos rematados en bola, tan clásicos del Monasterio de  El Escorial, que vemos en el convento de la Encarnación de Madrid; en el también carmelita de Santa Teresa de Ávila; o las ventanas tridentinas como la que existe en la capilla de San Isidro de Madrid. El convento de San Blas situado al lado sur del palacio presenta una fachada que nos evoca la que se realiza en La Encarnación de Madrid, que aunque está dentro del período Barroco, la continuidad herreriana es  patente.

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Convento de monjas dominicas de San Blas en la villa de Lerma, Burgos.

 Tan es así, que las ideas de ciudad y edificios que el Barroco traerá consigo, en este momento no están presentes. Vemos como el conjunto de Lerma se proyecta con el espacio racional y unificado que sigue los principios de armonía, simetría y orden que las leyes de la perspectiva proponen sobre un edificio y su espacio. Por el contrario, el Barroco Pleno nos muestra fachadas ondulantes, dinámicas, llenas de plasticidad, tanto por dentro como por fuera. Son las ideas de la Contrarreforma salidas del Concilio de Trento (1545-63) que se verán plasmadas en la iglesia de los jesuitas de Il Gesú de Roma, cuya fachada realiza Giacomo Della Porta siguiendo el modelo de  “arco de triunfo” que Alberti hace en Santa María Novella en Florencia. En el interior queda concretada la idea en la realización de Vignola, extendiéndose con gran éxito debido a que es un modelo reconocible y fácil de repetir. En Madrid la iglesia de San Ginés o la propia Catedral de San Isidro  nos recuerdan este modelo. No obstante, cuando el barroco se desarrolla en plenitud, que en España será sobre mediados de siglo, surgen iglesias con fachadas ondulantes, dinámicas y llenas de plasticidad, sobre todo en el exterior donde la sensación de movimiento está muy presente.

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