La ciudad como centro de poder. Un ejemplo castellano: Lerma (II parte)

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Por Luis Ruiz Calvo

Renacimiento y el Humanismo acercarán  una nueva  concepción de la ciudad retomando los pensamientos de Platón y Aristóteles y cambiará las formas de los palacios para acercarlos a la ciudad, dotándolas de nuevas estructuras y morfologías conforme al sustancial cambio experimentado en la jerarquía que la gobierna. Por otro lado, el descubrimiento de los libros de Vitrubio en Saint Gall promoverá el estudio de las antiguos edificios romanos y la reutilización de los órdenes arquitectónicos, no ya tan solo en lo referente a las columnas y entablamentos, sino en la propia estructura de las nuevas fábricas,  en las que el uso de la perspectiva descubierta por Brunelleschi, ampliará la idea de consolidamiento y legitimación del poder.

Los antiguos castillos dulcifican sus portadas como el del rey aragonés Alfonso V el Magnánimo en Castel Nuovo en Nápoles. Es la nueva concepción del poder que se quiere acercar al pueblo y no es solo como su protector, al igual que  en tiempos medievales en los que el castillo tan solo era un medio de defensa ante el ataque de otra ciudad o de un enemigo, es también, y sobre todo, el mecenas que cuidará de los artistas y promoverá el arte ennobleciendo  la ciudad para disfrute de sus ciudadanos. El espacio se articulará sobre el conjunto de la ciudad y se crearán nuevos centros, tanto ceremoniales como administrativos o religiosos que de una forma teatral servirán para consolidar el poder.

Un ejemplo de estos espacios será la plaza de la ciudad, que de forma geométrica y con soportales creará un espacio regular y adaptado por la corte para la celebración de ceremonias religiosas como procesiones o autos de fe; para divertimento de las clases privilegiadas como las obras de teatro,  o como las corridas de toros para toda clase de público. La Corte presidirá todas estas celebraciones y se apropiará de todo tipo de fiesta para su propio beneficio y justificación de su poder.

En Pienza, Pio II Picolomini creará una planta que servirá de modelo para muchas de las sucesivas intervenciones que se desarrollaran en el Renacimiento, como la Plaza del Campidoglio en Roma que  realizará Miguel Ángel y servirá como espacio clave en la ceremonia del Possesso, o Procesión que recorrían por Roma los papas tras ser elegidos desde San Juan de Letrán hasta la cátedra de San Pedro. Hasta allí llegaban los emperadores romanos victoriosos y de esta manera, se conjuga simbólicamente el triunfo del papa, y por ende de la Iglesia, sobre el mundo, atribuyéndose la doble consideración de sumo sacerdote y emperador. Es la unión de Palacio-Iglesia-Plaza que servirá para proyectar la imagen de poder, el poder político, el religioso y el ciudadano.

En Madrid se intenta realizar en el antiguo Alcázar de los Austrias, el actual Palacio Real. Este edificio, de tradición medieval era la antítesis de la idea moderna de palacio, donde los principios de simetría y proporción eran inexistentes. Juan Gómez de la Mora intentará configurar la fachada del palacio orientada hacia la plaza, integrando el palacio en la ciudad y proyectando, pues no se llegó a edificar en tiempos de Felipe III, la catedral que hubiera conformado esa unión que ya en Pienza el papa Pio II dejó como base del poder de la ciudad.

Será Roma la ciudad  que tomará el testigo como ejemplo para  multitud de plazas barrocas. En el Capitolio Miguel Ángel sitúa la estatua central de Marco Aurelio pues es la imagen del buen gobernante. Otras ciudades como Madrid seguirán el ejemplo y situaran a Felipe IV en una estatua ecuestre en el centro de la plaza frente al Palacio Real legitimándole como un rey sabio y justo; o Francia en numerosas de sus plazas en las que Luis XIV el rey Sol  está presente.

Así pues, la ciudad se transforma para dar idea de que en ella se encuentra el poder y no solo serán los monarcas quienes edifiquen un gran palacio, sino que también, será la propia nobleza quien competirá para situar sus palacios en ella. Otro de los escenarios de la nueva ciudad serán los conventos, en los que se realizarán numerosas obras de caridad y serán  proyectados para la demostración del espíritu cristiano que inunda a la nobleza, siendo una de las ocupaciones de de la esposa del noble, o como destino para alojar a sus hijas en caso de llegar la edad y no tener un pretendiente ideal para desposarlas.

Uno de estos ejemplos se da en el Convento de Las Carboneras en Madrid,  cercano a la Plaza Mayor y mandado realizar por la condesa Beatriz Ramírez de Mendoza en 1605, sobrina del obispo de Palencia y como regalo para su hija que fue la primera abadesa.  El convento se realizará como una de las marcas visuales de la nobleza para otorgarse prestigio y poder económico y su puerta, de traza renacentista y austera como el primer barroco madrileño, asoma a una plaza abierta para que sea suficientemente  visible  el conjunto del edificio.

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Convento de las Carboneras en Madrid.

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