¿Es cierto todo lo que se dice sobre el azúcar?

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Resultan ya casi míticas las eternas luchas entre los detractores del consumo del azúcar y los que se encuentran a favor de su uso. Es más, dentro de los que creen que es más saludable este último, también los hay quienes afirman que el azúcar moreno es más recomendable. Algunos apuestan decididamente por edulcorar sus cafés con miel, otros con siropes y, cómo no, otros con edulcorantes artificiales. En fin, las posibilidades son múltiples y variadas. Pero realmente ¿es cierto todo lo que se dice del azúcar? En este artículo te lo vamos a contar todo sobre este producto.

La sacarosa, más conocida popularmente como azúcar, es un disacárido compuesto por una molécula de glucosa y otra de fructosa. La materia prima de la que se obtiene, suele ser, la caña de azúcar en un 75% o de la remolacha en un 25%, respecto a la producción mundial, aunque no son los únicos, pues la sacarosa se halla en todas las plantas. En España se consigue, principalmente, de la remolacha, con un cultivo aproximado de siete millones de toneladas y una producción de azúcar de un millón de toneladas al año.

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El azúcar, en cualquiera de sus variantes, luego veremos algunas de ellas, es una importante fuente de calorías, pues aunque tiene 4 Kcal por gramo, exactamente igual que cualquier otro carbohidrato, esta carece de nutrientes importantes, afirmándose con razón, que sus calorías son vacías, pues solo aporta energía y ninguna o casi ninguna vitamina o mineral.

Para la elaboración del azúcar, del tipo que sea (blanca, morena, glass…) se utilizan productos químicos como el dióxido de carbono, cal, sulfato de calcio, ácido sulfúrico, ácido clorhídrico, hidróxido sódico, alcohol isopropílico, y algún otro producto que más vale no nombrar. Aunque después, como es lógico, se retiran del producto final, puesto que si no serían altamente perjudiciales para la salud.

Un famoso anuncio de televisión, afirmaba que una cucharadita de azúcar tan solo contenía 16 Kcal. Y en verdad esto es así, sin embargo, los hidratos de carbono, en general y el azúcar en particular, se han convertido en una auténtica adicción, no solo psicológica, sino que también física. La sacarosa aumenta nuestros deseos de consumir más productos dulces, se apropia del organismo de vitaminas (grupo B) y de minerales, y disminuye las ganas de ingerir alimentos más nutritivos pero menos energéticos, tales como las frutas y las verduras.

Además debilita nuestro sistema inmunológico, lo que unido a ciertos factores externos, como la contaminación o el consumo de tabaco y alcohol, puede aumentar la vulnerabilidad de nuestro organismo a corto plazo. Un alto consumo de azúcar puede producir no solo caries, sino un exceso de trabajo del páncreas y del hígado, enfermedades crónicas como la hipertensión, diabetes, obesidad, cáncer, Alzheimer, ateroesclerosis, candidiasis, retención de líquidos, etc.

Como hemos mencionado anteriormente, el azúcar está compuesto por un monosacárido llamado glucosa, y otro monosacárido llamado fructosa. La glucosa hace que los niveles de esta sustancia aumente rápidamente en la sangre, lo cual es peligroso para los diabéticos, la fructosa, que es de más lenta asimilación, es la que recomiendan para los que padecen dicha enfermedad, sin embargo, este monosacárido hace que aumenten los triglicéridos de forma considerable, por lo que para las personas con sobrepeso y niveles altos de colesterol, no es recomendable.

Existen muchos tipos de azúcar, las más usadas y conocidas son las refinadas, conocidas como azúcar blanca. Esto no quiere decir que las demás no sufran un proceso de refinamiento, sino que esta es la que más lo sufre; uno de los azúcares más valorados por los consumidores, es el azúcar moreno, llamado también, azúcar natural o azúcar integral. En realidad, su buena fama no es muy justa, pues contiene muy pocos nutrientes y, los que tiene, se encuentran en proporciones casi ínfimas, por lo que no tiene casi diferencias con la blanca, salvo su color y, dependiendo de su elaboración, en ocasiones, su aroma y sabor.

El azúcar en terrón, es de aparición más bien moderna, de finales del siglo XIX, suele encontrarse en forma de cubo y tiene características muy similares a las del azúcar blanca; el azúcar glass o en polvo, ha sido reducida a partículas muy finas teniendo un aspecto similar a la harina, pero en el fondo no deja de ser igual que el azúcar blanca; un tipo de azúcar muy usado en la repostería, es el azúcar de vainilla, puede contener hasta un diez por ciento de vainilla molida o, incluso, tan solo llevar aroma a vainilla, el azúcar es refinada igual que las demás.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), recomienda no consumir más de 50 gramos al día, si tenemos en cuenta que una lata de coca-cola de 33 cl. contiene 39 gramos de azúcar, nos haremos una idea de lo fácil que resulta sobrepasar esa cantidad.

El azúcar, en general, no es perjudicial para la salud, siempre y cuando respetemos los valores máximos que debemos consumir al día. Existen estudios en los que se demuestra que el cáncer se alimenta, literalmente, del azúcar, ya que la glucosa actúa como combustible de esta patología, “si se limitase el consumo de glucosa, el crecimiento y evolución de la enfermedad serían considerablemente inferiores”, afirma Patrick Quillin, Director de Nutrición de los “Centros de Tratamiento del Cáncer en América” en Tulsa, Okla, y autor de Vencer el Cáncer mediante la Nutrición.

Como es sabido, existen varias alternativas al azúcar, tales como los edulcorantes artificiales, la stevia o el azúcar isomalt, pero de todos ellos hablaremos en otro artículo, donde abordaremos los pros y los contras de estos posibles sustitutivos del azúcar.

 

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