Entrevista a Román de Alba en la revista “Cultura Clandestina”

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La revista “Cultura Clandestina” dedicaba en su número de noviembre,  una interesante entrevista a Román de Alba, colaborador de este diario, de la que nos hacemos eco y reproducimos para nuestros lectores.

Nació en Madrid, un 20 de noviembre. Fue bautizado en Las Rozas, como José Luis Brasero. Aunque su nombre de guerra es ‘Román de Alba’. Bajo este pseudónimo lleva más de treinta años trabajando en el difícil mundo de la literatura. Sobre todo, cuando no hay un mecenas dispuesto a apostar por su talento. Os dejo con él…

Pregunta: Estás escribiendo tu undécima novela, ‘Cuando las cigüeñas se visten de negro’. ¿Qué nos puedes contar sobre ella?

Respuesta: Es una novela cuyo eje gira en torno al robo de bebés. Uno de los males endémicos de la historia reciente de nuestro país. Siendo muchísimos los niños desaparecidos. Personalmente, jugando un poquito con la literatura, quiero hacer un punto de reflexión sobre el tema.
P: Hace más de 32 años, desde aquel mayo de 1986, cuando escribiste ‘Letargo de Conciencia’, tu primera novela…
R: Antes, la temática era más extrovertida. Ahora, enfoco las novelas más hacia dentro. Digamos que, con el paso del tiempo, ha ido desapareciendo todo rastro de ego. Me he dado cuenta de que, realmente, lo que me gusta es escribir. Lo demás es secundario.
P: ¿Por qué escritor?
R: Pues… con diez años ya intenté escribir mi primera novela. Pero, cualquiera que se haya puesto delante de un papel en blanco sabe que lo difícil no es hacer un capítulo, sino sacar la historia adelante. Recuerdo que hice tres capítulos y me cansé. Años después, descubrí en el instituto un libro de latín que, al margen de la lengua, versaba sobre costumbres de los romanos. Fue la primera piedra de mi obra y hasta hoy… Empecé a escribir esa primera novela de la manera más absurda. Hojeando una revista, en diciembre de 1983, leí que habían descubierto en la bahía de Río de Janeiro, una galera romana del siglo II d. C. ¿Cómo llegó allí? La magia de la literatura y mi imaginación juvenil se encargaron del resto…
P: Ahora, en la era de Internet y de las telecomunicaciones, parece fácil documentarse. Pero ¿cómo se hacía en aquella época?

R: Era difícil. Brunete era un pueblo que hasta los años noventa, tenía poca población. Así que, cuando necesitabas cualquier libro de consulta, tenías que irte a Madrid. Internet tampoco existía… ¿Qué pasaba cuando querías tener contacto con cualquier editorial? Género epistolar. No había más narices que comprar sellos, enviar la carta y armarse de paciencia. Así es como tuve contacto con Planeta, Anagrama y otras editoriales en esa época.
P: Es curioso tu caso. A pesar de haber intentado tu primera novela con tan sólo diez años, la asignatura del colegio en la que más destacabas eran las matemáticas.
R:
Sí, aparte de poseer memoria fotográfica, siempre me han gustado los resultados exactos. Y, como las matemáticas eran así… ¡blanco y en botella! En cambio, la literatura no me llamaba la atención. ¿Por qué? Porque durante la época escolar, te obligan a leer lo que ellos quieren que leas. A mí, con quince años, me regañó el profesor por estar leyendo una obra de fama mundial como es ‘Drácula’ de Bram Stoker. Sin embargo, ellos trataban de que leyeras literatura mucho menos interesante para la edad. Puede aborrecerse la literatura por cómo se enfoca en el colegio. A modo de anécdota, yo llegué a leerme diecisiete obras de Salgari en un mes. Y sin que nadie me obligara…
P: Ha pasado mucho tiempo, desde aquel mayo del ochenta y seis. Once novelas, ensayos, relatos cortos, poesía… ¿con qué te quedas?

R: A nivel popular, aunque sea novelista y tenga que pellizcarme cada vez que lo recuerdo, no hay duda de que el mayor éxito lo tuve con la Crónica Histórica de Brunete. Aquella tarde del 8 de septiembre del 2006, fue de las pocas veces que me sentí apoyado y agradecido. Estamos hablando de una autoedición. Pero, en un pueblo relativamente pequeño (sin contar la población flotante que no tiene ningún tipo de interés hacia las cosas de nuestra localidad), he logrado compartir más de quinientos cincuenta ejemplares de mi “Villa de Brunete; más allá de la memoria colectiva”. Otro buen recuerdo, data del año pasado. Cuando, aquí en Brunete y con la obra “Al alba vio caer las últimas hojas” este Consistorio me concedió el 1º Premio de su Certamen Nacional de Novela Corta. No había ningún premio económico. No obstante, fue un momento inolvidable, al comprobar como tu obra era reconocida. Había escritores de toda España y que te lo reconozcan por unanimidad, fue motivo de orgullo. ¡Cosas así te animan a seguir!
P: Por disfrutar con la lectura, hasta lo haces con el diccionario…
R: ¡El diccionario es mi mano derecha! Me divierte jugar con palabras rebuscadas. Me gusta que la gente descubra cosas, cuando lee mis obras. Palabras que no has oido nunca y que, cuando las escuchas, hasta te hacen gracia. Hay veces que me encuentro a gente por la calle y me recuerdan cualquiera de esas palabras que llamaron su atención. Es algo agradable. Hay una obra que titulé ‘Rumores de la Troje’ y aquí nadie sabía lo que era. En otros sitios, es la parte de arriba de las casas; donde se almacenaban muchas cosas. Al ser mi familia originaria de Extremadura, yo lo tenía como una palabra de uso habitual. Pero, los madrileños no suelen usar esta palabra. Desde esa presentación, mucha gente se quedó con ella.
P: ¿Cómo funciona el tema de la autoedición?

R: ¡Es muy difícil! Tirarse a la piscina, sabiendo que es más que probable que no haya ni una gota de agua. Siempre te socorren, esas veinte o veinticinco personas allegadas que te animan a seguir trabajando. ¿Qué me pasaba al principio? Que ninguna imprenta quería hacer menos de cien ejemplares. ¿Y qué haces tú con cien ejemplares? Al final, de una u otra manera, vas consiguiendo sacarlas. Tengo una autoedición del año 2008 de la que todavía me quedan diecisiete ejemplares en casa. Tampoco puedo buscar el ‘repudio’ de mi entorno {risas}. Finalmente, encontré un modelo de autoedición en Estados Unidos, donde no me imponen un número mínimo. Tiene el hándicap del envío desde allí. Aunque, hasta el momento, han realizado un servicio perfecto. Luego, está el desconocimiento de la gente. Es lo que más pesa sobre la autoedición. Si te cuesta ocho euros autoeditar un libro y les cobras diez… en seguida lo comparan con el precio de un best seller. Cuando, al imprimir decenas de miles de ejemplares, el coste de edición de ese best seller es mucho menor que una autoedición.
P: Cuesta entender que no se valore el talento...
R: Lo que más duele es que la gente no valora que tu objetivo es entretener al lector. Que utilizas ese talento, buscando mejorar momentos de ocio de la gente.
P: Salvo esa gente que dice que no le gusta leer…
R: Yo eso no me lo creo. Vale que no te guste leer novela histórica. Que no te guste leer novela policiaca… Pero, siempre habrá un género que te guste. Es como la música… habrá ritmos que no te apasionen. Aunque no me puedo creer que no te guste ni un solo tema. ¡Eso es imposible!
P: ¿Se cansa uno de intentar dar ese ‘pelotazo’?
R: Bueno… es lo que comentábamos antes respecto al ego. Recuerdo la primera vez que contacté con Planeta. Creía que me iba a comer el mundo. Sin embargo, al final, siempre te dicen lo mismo. En mi caso, llegué a enviar por vía postal un original un lunes y, al siguiente, me llegó el paquete de vuelta con la siguiente contestación: ‘No se adapta a nuestra línea editorial’. Tres días de ida, tres días de vuelta… es materialmente imposible que le hayan prestado la más mínima atención. Entre sello y sello, el ego se fue disipando con rapidez {risas}. Había quien me decía: ‘Búsquese usted un manager’ . Pues bien, escribí a veintiuno y me contestaron tres. Los tres se excusaron en la carga de trabajo para rechazar educadamente la propuesta.
P: Además, seguro que el entorno tampoco ayudaba a tu profesión…

R: Parecía que había llegado poco menos que de otro planeta. Si estás en una familia con miembros que se dediquen a la docencia, al periodismo, a la escritura… a lo mejor hay quien dice: ‘el niño ha salido al papá o a la mamá’. Mas, cuando vives en un entorno rural, lo que menos esperan es que salgas con un talento para escribir.
P: Me comentabas que casi te habías llegado a sentir clandestino…
R: Totalmente. Es una cultura clandestina. Durante años, cuando vas por ahí y conoces a quien sea, está ese momento en el que dices que eres escritor y llamas la atención. Pero luego… nada más lejos de la realidad. Ahí se queda. ¡No se liga nada siendo escritor!
P: ¿Darías algún consejo a esa gente que quiere empezar?

R: ¡¡¡Que no empiecen!!! (risas). Si es un capricho… que se centren en otras cosas. Si es un talento natural, una vocación, será complicado. Pero, han de seguir. Que se armen de paciencia y ojalá tengan suerte. Que tengan claro que nada de lo que les pase será personal. Sino circunstancias de la cultura en este país. Que no se dejen manipular. Evidentemente, si tienes detrás una editorial con un buen contrato, puedes admitir directrices si consideras que te resultará rentable. Pero, si únicamente tienes tu talento sobre la mesa, has de hacer lo que sientas. Cuando termino mis novelas, con que una sola persona disfrute, me doy por satisfecho. ¡Eso es la vocación! Como decía una amiga mía, tienes que hacer lo que te nazca. Claro que me gustaría vivir de esto, estar bien remunerado y ser respetado. Porque la gente no respeta tu labor. Vivimos en una sociedad consumista donde el ser educados y tener talento son ninguneados, sistemáticamente.
Entrevista realizada por: V. Doménech.
Noviembre 2018.

 

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