Entrevista a Joaquín Ruiz (Quino): “El Judo para mí lo es todo, me ha hecho la persona que soy”

“El presidente del Comité Olímpico, Alejandro Blanco, y Borja Gutiérrez, alcalde de Brunete, son mis grandes apoyos”

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Joaquín Ruiz Llorente (Quino) es el mejor judoca español de todos los tiempos, por palmarés, por trayectoria y por alma; y es que cuando se pone su kimono o pisa un tatami, deja de ser una persona de carne para fusionar su propia esencia con la esencia del Judo.

Si los “caballeros Jedi” existiesen en realidad, más allá de ser personajes fantásticos pertenecientes a lejanas galaxias, Quino Ruiz, representaría el perfecto “maestro de los caballeros Jedi” por su fuerza vital y su entusiasmo en perfecto equilibrio con su serenidad; por su paz interior, y por la confianza que transmite.

Quino es generosidad y entrega, es el espejo al que cada día se asoman los ojos de cientos de jóvenes judocas, sus alumnos, buscando en él no un profesor de judo, sino un maestro de la vida en quien encuentran cobijo, complicidad y, en muchos casos, la esperanza de cambiar a una vida mucho mejor.

Nacido en la capital de España un 12 de enero, ha sido Campeón del Mundo en 1984, Medalla de Plata en el Campeonato Mundial de Barcelona en 1991, tres medallas en los Europeos de 1984 en Lieja (Bronce), 1988 en Pamplona (Oro) y 1992 en París (Bronce); y ha sido judoca olímpico. En 1994 el Consejo Superior de Deportes le concedió la Medalla de Plata de la Real Orden de Mérito Deportivo. El seleccionador del Equipo Español de Judo y director del Club de Judo de Brunete. El maestro Quino es, además, nada menos que Octavo Dan.

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Masbrunete: Maestro Quino, tu currículum es impresionante. ¿Qué significa ser Octavo Dan?

Quino: Todo el mundo suele creer que cuando eres cinturón negro, significa que eres una persona que ya controla y domina esa disciplina deportiva,  pero en Judo no ocurre eso; podemos decir que en Judo ser cinturón negro es el primer paso, el primer peldaño para seguir avanzando. Cuando eres cinturón negro ya tienes el Primer Dan, y cuando tienes el Primer Dan tienes que esperar dos años para examinarte del Segundo Dan, cuando ya has logrado el segundo, tienes que esperar 3 años para examinarte del tercero y, así, sucesivamente. Imagínate siendo Octavo Dan, la cantidad de años que llevo en Judo.

El Octavo Dan supone un cambio del cinturón negro al cinturón blanco y rojo de maestro, pero yo nunca me lo pongo, no va conmigo, con mi forma de ser, yo soy más  de tatami, del día a día, de pelear; entonces que me cataloguen como gran maestro es algo que les corresponde a los demás. Yo, sinceramente,  me siento como uno más cuando estoy en el tatami. Yo soy una persona que nunca alardeo de eso, ni de eso ni de nada, solo alardeo de mis alumnos.

MB: Aunque seas una persona tremendamente humilde, has de reconocer tu trayectoria porque está ahí, en la historia de nuestro deporte y tú has sido el judoca español que más lejos ha llegado en campeonatos mundiales. Tienes que sentirte orgulloso de lo que has logrado, de tu esfuerzo…

Quino: Sí, si yo me siento muy orgulloso como deportista, es una etapa de mi vida.  Por mi personalidad, por mi forma de ser o porque mis padres me inculcaron de alguna forma que “hagas lo que hagas tienes que ser el mejor, o de los mejores”, es una cosa que tengo muy interiorizada.  Yo creo que fui un gran competidor y he sido considerado el mejor judoca español de todos los tiempos, pero a mí lo que realmente me importa es que quiero ser el mejor entrenador y eso es lo más difícil;  es más difícil ser entrenador que ser competidor. El judo es muy complicado y ser entrenador implica que estás jugando con el sueño de un montón de gente que ha dejado su vida, en otra parte de España para entrenar conmigo. Eso me crea una responsabilidad grande y me obliga a estar a la altura, por eso cuando estoy cansado aparento no estarlo y cuando estoy agotado, sigo estando al pie del cañón.

Hagas lo que hagas siempre tienes que ser el mejor, o de los mejores.

Quiero ser mejor entrenador y dentro de las escasas posibilidades que tengo, estamos consiguiendo que la Escuela de Brunete sea la mejor de España, sin duda. No solo por los resultados logrados a lo largo de su trayectoria, sino porque tenemos el futuro del judo español.

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Fuente: Judo Club Brunete.

Su historia con Brunete

MB: Llevas como entrenador en Brunete desde el año 1984… ¿Qué hace un maestro como tú en un pueblecito como Brunete?

Quino: En el año 1984 venía de participar en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles y acabé viviendo en Brunete  por una de esas casualidades de la vida… Un amigo me pidió que le recogiese un perro que había dejado aquí en una residencia canina; al llegar a Brunete observé desde la carretera unos chalés que estaban construyendo y me gustó. Uno de mis sueños siempre había sido vivir en una casa en el campo, en la naturaleza. Por aquel entonces yo trabajaba en Madrid en un banco y tenía que ir todos los días, pero eso me daba igual, me enamoré del pueblo, de la casa y dije “yo quiero vivir aquí.”

MB: Y luego trajiste el judo a Brunete…

Quino: A mediados de los ochenta en Brunete había pocos habitantes y se conocía todo el mundo, pronto se enteraron de que yo era judoca y profesor de judo y me propusieron que diera algunas clases en Brunete, aquí existía una pista de fútbol sala y prácticamente no había nada más. Comencé a dar clases y aquello fue todo un peregrinar porque empecé a impartirlas en el vestuario de la piscina, un sitio muy pequeño en el que utilizábamos unas colchonetas;  se apuntó medio pueblo por curiosidad, ya que era un deporte muy novedoso. Después nos trasladamos a un local en la iglesia donde se reunían los jóvenes. Recuerdo que muchas de las baldosas del suelo estaban levantadas, las ventanas desvencijadas y entraba un frío en invierno terrible; teníamos una estufa antigua de hierro y yo traía trozos de encina de mi casa para calentarnos. Después pasamos a un local en la Plaza Mayor, más tarde a la planta baja de la casa de Pablo Lucero, donde había un gimnasio y, después a la guardería Rantamplán, y estando allí,  un lugar con los techos tan bajos y con columnas que entorpecían, logré sacar un campeón del Mundo, David Alarza.

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Quino y Fran Garrigós durante una rueda de prensa en los Juegos Olímpicos de Río 2016.

Fran Garrigós supuso un antes y un después en su carrera como entrenador

MB: Y, desde entonces, han llovido muchos éxitos…

Quino: Brunete siempre ha sido un referente en el mundo del judo aunque últimamente está viviendo los momentos más dulces.

El judo es muy difícil, muy complicado y además requiere muchísimo esfuerzo y sacrificio, y hoy en día hay poca gente dispuesta a ese sacrificio sin apenas reconocimiento, digamos que se hace por amor, exclusivamente por amor.

Yo estaba algo cansado, hasta que llegó por primera vez al gimnasio Francisco (Fran) Garrigós, un chico que vino sin nada… Conectamos enseguida y detecté que tenía un potencial tremendo. Yo siempre saco lo mejor de cada persona, trato de explotar sus cualidades al cien por cien, y este judoca era muy muy completo, y enormemente competitivo pero le faltaba mucho camino por recorrer… Empezó a creer en él mismo y a ganar más y más veces, hasta haberse convertido hoy en todo un referente no solo para nuestro gimnasio sino para toda España porque, representa el “sí puedo”, “sí lo consigo”… Fran es un poco el espejo donde se miran todos.

Yo siempre saco lo mejor de cada persona.

Fran empezó a motivarme a mí al cien por cien y empezó a arrastrar a un montón de gente que observando lo que él estaba consiguiendo, se acercaban al gimnasio por curiosidad y empezó a llenarse con gente de aquí y gente de fuera, hasta convertirse en lo que es hoy,  tengo las clases absolutamente llenas tanto de adultos como de niños, como oxis (veteranos), etc.

MB: ¿Cuántos alumnos tiene el Club de Judo de Brunete?

Quino: Al poco tiempo de comenzar a dar clases en Brunete, también me ofrecieron impartirlas en Villanueva de la Cañada y, actualmente estoy en ambos municipios. En Villanueva de la Cañada doy clases a chavales de 13 y 14 años, es una especie de cantera y Brunete es el cuartel general.

En nuestro Club de Judo se hace judo en serio;  yo podía haber explotado mi nombre y mi palmarés y dirigir el club mientras otros profesores daban clase, pero yo no quería, quería dar las clases personalmente porque para mí el judo no es un negocio, es una  forma de vida, una filosofía de vida. Yo no hago judo por dinero sino para ayudar a la gente.

Actualmente debemos rondar los 400 alumnos.

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MB: Quino, tú no das clases simplemente, tú te implicas, te emocionas, pero no solo en el rato en que das la clase, sino permanentemente, en toda las facetas de las vidas de tu alumnos…

Quino: Así es, no somos un gimnasio al uso, somos una familia. Nos llevamos muy bien, aunque cada uno tenga su carácter y su forma de ser, yo soy el “director de la banda”, controlo y medio. Me tienen un respeto absoluto pero no porque yo se lo haya impuesto, -yo no impongo nada-, sino porque a ellos les sale del corazón. Mis clases son lo contrario a una clase de judo en un gimnasio normal, es decir, a mí me gusta que dentro de la seriedad que requiere, del esfuerzo y del trabajo, que la gente se lo pase bien y se ría.

Cuando llego cansado de un viaje, por ejemplo, es verles a ellos y se me quita el cansancio automáticamente y me sale la mejor de mis sonrisas; me gusta estar con ellos, motivando, eso es lo que más me gusta.

No somos un gimnasio al uso, somos una familia.

MB: Tienes dos hijos, David y Rorro que también se dedican al Judo en cuerpo y alma, ¿Cómo se lleva entrenar a tus propios hijos?

Quino: (sonríe y resopla) No te imaginas lo que se sufre; sufro un montón con todos pero cuando son tus hijos biológicos los que están compitiendo, se sufre mucho más; es un sin vivir, a  veces siento como si el corazón se me saliese del pecho…

MB: ¿Ellos alguna vez te hacen algún reproche como entrenador o algún comentario por la cercanía de ser tus hijos?

Quino: No, en absoluto, ellos diferencian perfectamente cando estoy dirigiendo un combate y soy su entrenador.

Alejandro Blanco y Borja Gutiérrez, dos apoyos decisivos

MB: ¿Cómo se compatibiliza la vida de una persona normal con esta dedicación exclusiva al Judo que te lleva, por ejemplo, a viajar por todo el mundo casi todos los fines de semana?

Sí, es complicado. Yo me paso las 24 horas del día pensando cómo mejorar. Aquí viene mucha gente de fuera y con muchas necesidades de todo tipo, y mi labor no es solo entrenarles en Judo sino hacerles la vida un poco más fácil. Y ahí me encuentro muy solo. Me considero como el padre de todos, porque ellos me trasladan sus preocupaciones y problemas.

Tengo amigos muy buenos que conocen mi trayectoria, saben cómo me implico y hacen lo que pueden por ayudarme, es el caso  que me gustaría destacar del presiente del Comité Olímpico, Alejandro Blanco, que es íntimo amigo mío. Nos conocemos desde hace mucho tiempo, él era antes el presidente de la Federación Española de Judo.  Tener a Alejandro Blanco es como tener un ángel porque está muy pendiente de los resultados de nuestra trayectoria como club, conoce a Pinchito, a Sarita, a Niko… a toda la gente del club; nos ha ayudado en todo y tener un apoyo tan grande es fundamental.

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Quino junto al presidente de la Federación de Judo (a la izda.) y el alcalde de Brunete (dcha.) a quien la Federación Española le ha otorgado el cinturón negro de Judo honorífico.

También quiero destacar a Borja Gutiérrez, nuestro alcalde, que yo sé que está entusiasmado  con el Judo, y me ayuda en todo lo que puede. Sé que tiene sus limitaciones porque hay muchos deportes en un pueblo,  pero este es el deporte que más resultados y éxitos está dando, a Brunete, de hecho, se le conoce  entre otras cosas por el judo. Brunete va a un campeonato de España absoluto  y saca más medallas que todas las comunidades, y no deja de ser un pueblo.

Borja ama el deporte, siempre va presumiendo de su pueblo y sacando pecho, nos ayuda dentro de sus posibilidades, nos apoya, nos sigue, viene a vernos. El otro día estuve hablando con él porque yo no llego a todo, a ver si nos puede ayudar a buscar un sponsor. Tenemos argumentos de sobra para tener un patrocinador, ya no por mí, ni por el club sino por el propio deporte, por los valores que transmite el Judo. No tenemos problema en ponernos el nombre de un patrocinador en el kimono o donde haga falta porque lo necesitamos con urgencia.

A estos niveles en los que nos estamos moviendo a nivel internacional, hay un grado de profesionalidad bárbaro y en otros países se cuenta con muchos medios económicos y sus judocas son profesionales que se dedican en cuerpo y alma a este deporte. Nosotros no tenemos medios y, en ese sentido, jugamos en clara desventaja.

Necesitamos un patrocinador con urgencia.

Resulta muy curioso, que fuera de España, viendo nuestros buenos resultados hay gente que nos pide si pueden venir a entrenar a Brunete pensando que es un centro del alto rendimiento y cuando les explicamos que es un gimnasio de un pueblito a 30 km de Madrid, la gente no se lo cree. El primero que no se lo cree es el propio Alejandro Blanco que dice que hago milagros. A estos niveles se necesita mucho dinero para viajar, participar en competiciones y, en este caso, el 70% lo aporto yo de mi bolsillo…

No quisiera que llegara nunca el momento en que tuviera que tirar la toalla, porque no compensara tanto sufrimiento y sacrificio de los chavales, si no fuéramos a conseguir nada… Así que hay que seguir luchando por conseguir algún patrocinador.

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MB: Quino, ¿te acuerdas de cómo era tu vida antes del Judo?

Quino: Lo que recuerdo es que siempre me ha encantado del deporte. Empecé tarde, con 13 o 14 años a practicar judo, entonces  era un deporte muy nuevo que llamaba la atención y lo impartían en sitios muy específicos. Yo estudiaba en el colegio San Estanislao de Kostka, mi padre quería darme lo mejor, a mí y a mis hermanos. Era un colegio donde adoraban el deporte y su práctica era rotativa… un día hacías esgrima, otro gimnasia deportiva, o judo, natación… A principio de curso probé judo y le llamé la atención al  profesor porque era muy fuerte y rápido, y me propuso formar parte de la escuela de judo del colegio y me enganchó de tal forma que se convirtió en mi forma de vida. El judo para mí lo es todo, me ha hecho la personas que soy, me ha otorgado unos valores que en otros ámbitos de la vida no los habría adquirido; no lo cambio por nada.

Durante unos años fui funcionario trabajando en el Banco de Crédito Agrícola, y cuando me plantee dejar aquel trabajo para dedicarme al Judo plenamente, mis padres lo llevaron fatal, nunca me apoyaron porque estaban preocupados pensando cómo podía dejar un puesto de funcionario que era para toda la vida. Pero  eso era precisamente lo que yo no quería,  tenía claro que no quería ver todos los días las mismas caras, padecer los mismos atascos, la monotonía de viajar a Madrid… Recuerdo que por aquellos años yo me levantaba a las cinco de la mañana porque prefería entrenar en mi lugar de trabajo antes de comenzar la jornada laboral a las 8, en lugar de estar en un atasco. Allí, en la zona de las calderas del Banco me había preparado una especie de gimnasio y a veces también me iba al parque del Retiro a hacer deporte. Estuve 12 o 13 años trabajando en esas condiciones hasta que me planteé que no veía así mi futuro.

MB: ¿Cuál son los próximos retos deportivos del Club?

Quino: Nuestro objetivo más importante son siempre los Juegos Olímpicos. En 2016 ha ido Fran a Río de Janerio y en 2020 que son en Japón, nada menos que la cuna del Judo, espero llevar 3 o 4 personas de Brunete. Es muy complicada la clasificación olímpica. A partir de 2018 empieza la clasificación, por tanto estos dos primeros años son un poco para ir probándonos y sacando gente y conociendo los rivales que vamos a tener, y después, hasta 2020 apretar para poder clasificarse. Todo se consigue a base de salir, de competir, yo siempre confío en mis alumnos.

Desde masbrunete.es queremos agradecer a Joaquín Ruiz que nos hiciera un hueco en su apretadísima agenda para hablar de judo, del Club de Brunete, del deporte y de la vida. Sin duda, Quino es una de esas personas que merece la pena encontrarse a lo largo del camino. Le deseamos toda la suerte del mundo, la que sin duda merece, para él, para el Club de Judo de Brunete y que logren encontrar pronto ese patrocinador con el que poder seguir brillando muchos años y haciendo historia para el deporte español.

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