Doña Beatriz de Bobadilla, confidente leal de Isabel La Católica

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… en tanto descubro nublados en el horizonte (con diferente afición al pluviómetro), cumplo mi palabra y retomo la historia de doña Beatriz de Bobadilla. Y digo bien “doña” porque fue como esos actores secundarios, a los que nunca ponemos nombres, y sin los cuales el cine sería una entelequia. En el artículo anterior, escribí de su esposo: Andrés Cabrera. Y si esa figura resultó importante para el devenir de nuestra historia, a través de los Reyes Católicos, se me antoja que la de su mujer Beatriz… fue indispensable.

El padre de nuestra protagonista – Pedro de Bobadilla – era el alcaide de la conocida como “Fortaleza de Maqueda”; donde la futura reina Isabel y su hermano pequeño Alfonso, estuvieron bajo su tutoría. Por lo que no hace falta pensar demasiado para entender que su hija Beatriz conoce a Isabel desde muy temprana edad. De hecho, podemos considerar que hubo una gran amistad (salvando la natural distancia entre señores y vasallos) desde aquellos días. Amén de ser su “camarera” desde aquella época, con el paso de los años llegará a ser algo así como su lugarteniente. Alguien en quien Isabel podía confiar con los ojos cerrados. Por ejemplo, cuando tuvo que marchar hasta Aranda del Duero en busca de su señora para que viniera a Segovia a ver al rey; su hermanastro Enrique IV. Cuenta la leyenda que la fiel Beatriz, tuvo que viajar disfrazada de labradora.

Las revueltas de los nobles se suceden y, una vez, estando Andrés fuera de Segovia, estalla un motín contra él. Exigen su destitución y en el fragor del momento, retienen a la hija de la ya reina Isabel. Beatriz se escapa y previene a la reina, quien se presenta sola, sin escolta, arreglando el conflicto con su mera presencia.

No obstante, el enfrentamiento bélico entre su “amiga” y señora frente a la Beltraneja (“sobrina” de la reina, a la sazón) terminará por decantar esos escaques vitales por donde se moverá Beatriz hasta el final de sus días. Es más, no faltan los estudiosos que la ponen como la verdadera valedora de Cristóbal Colón. Alentando a la reina, cuando esta se mostraba dudosa y confusa frente al deslumbramiento de aquel viaje a Las Indias que le ofrecía el futuro descubridor. De tal forma que en uno de aquellos alardes de orgullo (que los tenía) del futuro almirante, éste abandonó intempestivamente la Corte y tomó camino a lomos de una mula. ¿Se imaginan quien, a instancias de la reina, tuvo que salir tras él? Sí, la siempre leal, Beatriz de Bobadilla.

Al igual que su esposo, fallece en 1511; sobreviviendo 6 años y 52 días a su reina e, indudablemente, amiga. Los restos del matrimonio reposan, en sepulcros muy sencillos del convento de Santa Cruz; en el pueblo conquense de Carboneras. Fueron enterrados con los hábitos de Santiago y de los Dominicos; ciñendo el cordón franciscano. Yo… humildemente, he articulado este pequeño homenaje; pues forma una parte muy importe en nuestra historia local. Unos personajes que, a día de hoy (500 años después), jamás fueron mencionados; ni siquiera en nuestro callejero brunetense; arrebatado por máquinas voladoras y deportistas de diversa índole. Extrañado, procuro no pisar demasiados charcos… camino del Fresnedal.  

Comments
  1. Antonio Rufo Recio

    Muy bien en divulgar personajes de nuestra historia local, pero no peques de humilde, algún día se publicará como influyó Beatriz, en la subida de Isabel al trono, como Isabel I de Castilla.
    Hasta la fecha, los veintitantos libros escritos sobre ella, dejan entrever que fue así, y la recompensa, el pago de Isabel, a ella y a su marido, en el que entra Brunete, con 105 vasallos, de los 1200 que les dió, nos concede dispensa para comentar el tema como propio.
    Es decir; gracias a Beatriz, hija de Mosén Pedro de Bobadilla y de su esposa María Maldonado, se crea la semilla de lo que se llamará Estado Moderno, reconocido y “copiado” en el mundo occidental, -se me ocurre ahora mismo-, hasta que en el Islam no se dé, esa conjunción femenina, varias mujeres en el poder, no saldrán de la Edad Media.
    Bueno; que me meto en un charco.
    Todos los caminos cuando llueve tienen charcos; no sé, si Carmen Muñoz Rocatallada, Condesa de Yebes, esposa de Eduardo Figueroa, de la saga de los Romanones, se animó a escribir una de las múltiples biografías de Beatriz de Bobadilla y Maldonado, cuando en los años 60, del pasado siglo venia de cacería con su marido a Brunete. Seguro alguna vez pasó por el camino del Fresnedal, con charcos, porque las cacerías son en invierno.
    Será interesante que en el próximo “arreón” inmobiliario de Brunete, se propongan nombres que recuerden de dónde venimos.
    Antonio Rufo

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