Dejando en un segundo plano mis problemas

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Después de un tiempo sin poder escribiros, hoy retomo mis reflexiones con este artículo.

Este tiempo me ha servido para muchas cosas. Enfrenté miedos, me di la oportunidad de centrarme en mis problemas para, de esta forma, buscar cómo ponerles soluciones, y experimenté algunos cambios en mí misma…

A veces pararte a pensar y ser capaz de afrontar tus problemas puede resultar una cuestión fácil, sin embargo en otras ocasiones, no puede parecer imposible, y esta circunstancia solo depende de la propia persona y de la seguridad que tenga en sí misma.

No pretendo con esto dar lecciones a nadie pero cuando dejas un poco de lado tus problemas, te dejas de exigir y de presionar, todo puede funcionar un poco mejor.

Siempre hace falta caer, llorar, sentirse mal, tocar fondo… para poder coger las riendas de tu vida y superar todo lo que en ti son miedos e inseguridades.

Un muy buen amigo hace poco me dijo que nos preocupamos tanto por nosotros que no vemos la gente que pasa hambre, los niños que no tienen familia… Naturalmente esto no significa que nuestros problemas dejan de tener la importancia, que sí la tienen, sino que no nos damos cuenta de lo afortunados que somos, la mayoría de las veces. Gracias a él que me abrió los ojos, decidí dejar mis problemas en un segundo plano, a ayudar a quién más le haga falta, a regalarme a mí misma cosas, detalles u acciones.

Démonos un tiempo de reflexión, de llorar, de poner tu vida en orden, de lograr soluciones a nuestros problemas… Concedámonos un tiempo para conseguir sonreír e intentar alcanzar un estado de ánimo mejor.

Seamos felices con lo que tenemos y no pidamos más de aquello que entra en nuestras posibilidades.

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