De mociones, gatos y otras bagatelas

cabecera_luis_molina

Algunos desinformados y desconocedores de la realidad, veníamos afirmando desde hacía tiempo que, el señor Pedro Sánchez, actuaría cual felón a la primera ocasión en que se le presentara la oportunidad. Era cuestión de tiempo que su sed de poder y su odio visceral al partido que se encarga de arreglar todo lo que estropea el suyo, diese un golpe de efecto haciéndose con el Gobierno, a pesar de no disponer de una cantidad de votos mínimamente decentes y de que sus pactos con políticos que están más interesados en destruir España que en gestionar los asuntos de los ciudadanos, pudiesen acabar en una tragicomedia en la que, si bien puede resultar casi gracioso lo que suceda en los próximos meses, no podemos obviar que, al final, podría resultar todo bastante trágico y autodestructivo para los intereses de nuestro país.

La situación en Italia, en Europa en general que se encuentra al borde del abismo, Estados Unidos jugando a ser un país proteccionista provocando de este modo una guerra comercial que solo Dios sabe qué consecuencias gravísimas pueden traer y, finalmente, para nuestro país, tener un Gobierno más debilitado que el anterior, pues cuenta con menos apoyos, sin conciencia de la situación real de la economía en el mundo en general y en España en particular y sin ninguna lealtad a la democracia con la que se les llena la boca una y otra vez, parece destinarnos a un final, ciertamente y, como ya he dicho anteriormente, trágico.

Permitidme que haga un dibujo de lo que ha sucedido con la siguiente alegoría:

Agazapado en las sombras, extramuros al Congreso, el gato callejero esperaba emboscado relamiéndose las heridas ya casi curadas. Habían sido provocadas por sus acólitos y demás rebuscadores de un mismo cubo de basura. Necesitaba para abalanzarse sobre su víctima herida de muerte, también a causa de los zarpazos producidos por los adláteres del ratoncillo despistado, que sucedieran dos cosas: la primera era que los problemas del yantar que, venían produciéndose desde hacía tiempo a causa de otro minino de igual pelaje que el suyo, los hubiese solucionado el silencioso roedor; la segunda pero, no menos importante, era que un barrio que se había mostrado desleal con todos los demás barrios de la zona, llamado Cataluña, se tranquilizase también, gracias al ratoncillo Rajoy a otros seres que habitaban la gran urbe llamada Ciudad Calamidad.

gato

Como es sabido, la paciencia es una virtud y el gato Sánchez, aunque impaciente y rabioso siempre, había sabido esperar su momento. Había dispuesto de varias ocasiones para hacerse con el control de todos, pero, o no había sabido aprovecharlas o, simplemente, había creído que no era aún su momento. Sin embargo, cuando vio que el pequeño animalillo se encontraba agotado tras largas batallas en todos los frentes, supo que ese era el momento idóneo. Sabía que el resto de alimañas y carroñeros que le circundaban, lo apoyarían, pues eran animales que contaban con mucho odio y, sobre todo, eran oportunistas, por lo que no dejarían escapar semejante oportunidad.

Así, pues, en el momento en que las cosas al fin se habían casi solucionado para Ciudad Calamidad y el ratoncillo ya no era necesario para los fines del gato Sánchez, pues ya había hecho su trabajo dejando las cuentas en su sitio para dar de comer a toda la ciudad y al haber aplacado por la fuerza de la Ley a los aulladores del barrio de Cataluña, el minino supo que ese era el momento para saltar implacable sobre el indefenso y agotado roedor, al cual no le costó mucho darle el zarpazo de gracia, apoyado por todos aquellos que siempre habían deseado acabar con su presencia y, también, por otros que, aunque en alguna ocasión le habían ayudado al desvalido ratoncillo a salir de situaciones complejas, no dejaban de ser unos oportunistas que se habían arrimado desde siempre al árbol que mejor sombra daba. Así, pues, entre todos al ratoncillo Rajoy, le dieron el definitivo y certero golpe de muerte, acabando con él y veremos con qué más.

Pero lo cierto era, y de eso aquella ciudad animalizada tenía mucha experiencia, que las situaciones difíciles que siempre habían solucionado ratoncillos similares a Rajoy volvían a complicarse al poco de hacerse con el poder los gatos desarrapados de la Ciudad Calamidad. Más aún si cabía, en esta ocasión, pues los compañeros de viaje del gato Sánchez eran animalillos de muy diferente condición, pero que contaban con un denominador común, el odio a aquella urbe y todo lo que representaba. No querían cambiarla para mejorarla, como gritaban a los cuatro vientos, querían acabar con ella. Por esa razón, en esta ocasión podría ser que no se encontrase solución para la pobre Ciudad Calamidad en la siguiente encrucijada en que se encontrase. Cuando las cosas comenzasen a ir mal, las rapiñas ya se encargarían de dar buena cuenta de todo y de todos, incluso del despistado y atolondrado, gato Sánchez.

COMENTA LA NOTICIA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *