Dátiles de Elche

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Por Luis Molina Aguirre

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Amanece y, entre las altas palmeras, unos tibios y sedosos rayos de sol se cuelan acariciando con delicadeza mi rostro aún medio dormido. Un aroma dulce, mezcla de flores silvestres y madera, llega hasta mí, empujado por la suave brisa de poniente, que parece tratar de despeinar mi inexistente flequillo. Al fondo, unas siluetas de hombres se recortan contra el sol. Comprendo que es justo ahí, donde debemos acudir.

En esta ocasión, el equipo de masbrunete.es y yo, hemos viajado hasta Elche, la conocida capital europea del dátil. Se trata, sin duda, de una de las principales regiones del mundo productoras de este fruto, tras los grandes del norte de África. El Palmeral de Elche es una impresionante extensión de palmeras, como su nombre indica, con más de 200.000 árboles, siendo el principal tipo de estos, la palmera datilera llamada Phoenix dactylifera. Tal y como nos recuerda la página de visitelche, el propio Andersen ya escribió sobre la belleza de este lugar: Nos acercábamos a Elche, ya se distinguía su valle rebosante de frutos y su inmenso palmeral, el mayor  y más hermoso de Europa, el más paradisíaco de toda España.

Viaje por España (Hans Christian Andersen – 1862).

Nuestro objetivo es entrevistarnos con Manuel, uno de los cooperativistas de la zona, con el que nos habíamos puesto previamente en contacto desde Brunete.

            —Pues sí, aquí mimaos las palmeras y sus frutos, para después recolectar los mejores dátiles… no me atrevo a decir del mundo, pero desde luego de Europa. Tengo entendido que allí en Brunete se ha recuperado la producción del garbanzo.

            —Pues sí, La Garbancera Madrileña, de hecho, se ha recuperado con gran esfuerzo en diecisiete municipios del noroeste de Madrid. Me sorprende que hasta aquí haya llegado la noticia —contesto ciertamente feliz por oír aquellas palabras —. Sí, hemos resucitado este cultivo en nuestra región. Un garbanzo de los más nutritivos, saludables y con la mejor textura de los que se pueden encontrar hoy en día en el mercado.

            —Bueno, lo cierto es que procuro estar al día en todo lo que tiene que ver con la producción agrícola de nuestro país…

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Hablando de nutritivo, ¿sabías que el dátil es muy rico en minerales como el potasio, selenio, cinc, fósforo, magnesio, calcio y hierro? También cuenta con vitaminas A, B1, B2, B3, B5 y E. Además de ser rico en proteínas, fibra, energía… Es sin duda un producto muy completo, se podría decir que es un súper alimento —me dice mientras me hace entrega de uno de esos frutos de un tamaño importante.

            —Ya veo. Cuéntame, Manuel, ¿qué pasos hay que seguir para obtener un dátil de este tamaño —le digo mientras lanzo este al aire y lo recojo antes de caer.

            —Bueno, pues es una labor ardua, la verdad. Se puede decir que todo empieza en esta época del año, entre marzo y abril, que es cuando recolectamos las florescencias de las palmeras macho, para polinizar manualmente a las hembras. Esto lo hacemos para asegurarnos de que tendremos una buena producción. Aunque, ciertamente, no sería necesario, pues esto lo hace de forma natural el viento… me refiero a la polinización. Pero, claro, de este modo no tenemos que depender de las circunstancias meteorológicas.

Después, ya en el mes de junio, es cuando decidimos qué parte de la palmera será la que produzca los mejores dátiles. Esto no es sencillo, pues hay que atar las ramas previamente seleccionadas, ya que pueden llegar a alcanzar los 50kg y si no se tiene cuidado, se podrían tronchar y perderíamos la producción de esa palmera.

La última fase se produce entre los meses de agosto y septiembre, que es cuando solemos embolsar los racimos de dátiles, especialmente aquellos que cuentan con los mejores frutos en cuanto a tamaño y calidad. El objetivo es que los insectos y pájaros no se los coman o los estropeen. Y, finalmente, entre octubre y enero, depende del año y del clima que hayamos tenido, se procede a la recolección del dátil. Después, los guardamos en cámaras frigoríficas hasta su distribución final.

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Tras charlar con Manuel, permanecemos allí, observando con atención cómo hacen su trabajo aquellos hombres, polinizando las plantas. A media mañana, nuestro anfitrión, nos saca un plato de dátiles, los cuales nos resultan ciertamente dulces y sabrosos… no es que no los hubiésemos probado antes, claro que sí, pero lo cierto es que, allí, rodeado de tal cantidad de palmeras y a la sombra de una de estas, pues a estas horas el sol ya aprieta, parece como que saben muchísimo mejor. Sin duda, todo un lujo para el paladar y para los sentidos.

Subimos al vehículo en el que habíamos llegado, con una buena caja de dátiles de la producción del año anterior de Manuel. Hemos decidido aprovechar la jornada para visitar la bonita ciudad de Elche y para degustar su gastronomía, la cual es extensa y variada. Nos alejamos de El Palmeral, con el recuerdo de los duros hombres trabajando con tesón para lograr que este año también, Elche, España, logren obtener un año más la mejor producción de dátiles de Europa.

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