Cambio de “chip”… por Él

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Hoy vuelvo a escribir pensando en todas las cosas que tengo para compartir y contaros mi experiencia. Quizá lo puedo resumir en una etapa complicada por la que viví y, en parte, todavía sigo.

Puedo decir que a día de hoy, he perdido el miedo a muchas cosas que antes me preocupaban. Por ejemplo, he aprendido a darme el valor que merezco sólo por el hecho de ser persona, a no criticarme tan duramente, aprendí a reconocer lo bueno que hago y lo bueno que puedo llegar a aportar a los demás, y también a tomarme las situaciones tanto buenas como malas, de otra manera. En definitiva, decidí un día no vivir con esos miedos que me estaban destrozando y a los cuales yo les estaba dando cabida.

Todo esto no lo he hecho yo sola, sino que he contado con la ayuda incondicional de mi familia, con la de mis psicólogos y, sobre todo,  con la ayuda de Dios en quién he decidido apoyarme firmemente, aunque a algunos esto último pueda resultarle extraño o poco creíble.

En mis peores momentos he hablado con él en la iglesia o en mi casa delante de mi crucifijo. Yo siento que cuando le cuento mis problemas, Él me escucha y está conmigo para darme fuerzas y alentarme en mi camino. Para mí haber pasado por situaciones complicadas y saber que le tenía junto a mí, me está cambiando. Por ejemplo, ahora sonrió mucho más, me dirijo a las personas de otra manera, me ofrezco para ayudar a quién me necesita. En el mes de mayo decidí que tenía que compartir mi tiempo con quien lo necesitara y ahora soy voluntaria en Cáritas. Esta experiencia de conocer a personas que no tienen para comer o para disfrutar de cosas básicas como un juguete para sus hijos, me ha hecho valorar enormemente lo que tengo. Cada día que pasa estoy más orgullosa de ser católica, de poder vivir mi fe sin miedos, de poder ir a misa los domingos y siempre que lo necesite, de poder defender lo que es creer en Dios y lo que Él es para mí.

He de reconocer que no es un camino fácil, poder salir de situaciones de completa oscuridad o de dificultad, pero me siento orgullosa de saber que, por lo menos, todo lo que he vivido me ha hecho más fuerte y me ha enseñado cómo manejar situaciones que antes me daban ansiedad. Ahora, por lo menos, esa ansiedad he disminuido.

Aún tengo momentos en los que me flaquean las fuerzas pero, soy capaz de autocontrolarme y cuando tengo la mente más tranquila, sonrío y me centro en pensar en todas las cosas que puedo hacer con mis cualidades.

Un pequeño consejo antes de finalizar: nunca penséis en demostrar al resto de las personas, sino a vosotros mismos.

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