Brunetenses en la Orden de Calatrava… allá por 1600

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… charlo, animadamente, con mi nueva amiga ¡la ornitóloga! Llegada a Brunete para estudiar a las cotorras; ave cuya introducción en nuestro ecosistema, se la debemos a esa mala educación e ignorancia del Medio Ambiente, por parte de algún desaprensivo que, harto de ellas, las dejó en libertad. Y dado que no tienen enemigos naturales, se han reproducido en gran número.

Pero en nuestro paseo no hablamos de pájaros (nunca me daría por aludido), si no de esa serie llamada “Juego de Tronos”.

La oigo hablar, aunque no la escucho. Como siempre, deseo meter baza con algo relacionado con nuestro lugar. Mas, la cosa se pone difícil… ¡aquí no hubo reyes emplazados, si acaso marqueses! Pero, como de estos ya hablamos en otro artículo, retomo la senda de las Órdenes Religiosas y Militares. Recuerdo a tiempo que ya trate la “de Santiago”. Por lo que decido hacer memoria brunetense sobre la “de Calatrava”.

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  • ¿Sabías que hubo gente de Brunete en la Orden de Calatrava? – la corto.

Me mira raro. No sé si porqué osé interrumpirla o porque este nuevo tema la suena, lo que a mí el cortejo de la Avutarda o el del Somormujo Lavanco…

Para no perder el efecto sorpresa, delimitó mi demarcación. ¡No! Juro que no tuve que alzar la patita.

  • Claro – la sonrío – no todo va a ser ficción. La de Calatrava era una Orden Religiosa y Militar creada por Sancho III de Castilla. La crea éste rey, al que decían “el Deseado”, para defender dicha plaza contra los Almohades.
  • ¿Almohades? – captó su atención cinematográfica.
  • Sí, los mismos a los que se derrota en las Navas de Tolosa en 1212.
  • Y en esa Orden… ¿hubo brunetenses?
  • Según el Archivo Histórico Nacional, hubo dos: uno ingresó en 1674 y el otro en 1782. Eugenio Fernández-Molinillo Rodríguez de Adeva y Pascual Fernández-Molinillo Arredondo. Intuyo que venían de la misma familia dado tan particular apellido: Fernández-Molinillo.
  • ¿Intuyes? – sonríe, descarada – Me da en la nariz que tú no das puntada sin hilo

Trago saliva y recuerdo (que nunca está de más) los requisitos más importantes que se exigían para entrar  en estás Órdenes:

  • Que sus 4 primeros apellidos fueran hidalgos de sangre (no comprados).
  • Que ni ellos, sus padres o abuelos hubiesen ejercido trabajos manuales o industriales (herreros, caldereros, etc.).
  • Que no tuviese mezcla con otras razas, ni hubiesen sido penitenciados por actos contra la Fe católica.
  • ¡Menuda cotorra! – se carcajea y, dándome un tirón de la mano, reanudamos nuestro caminar.

Han cambiado la hora y empieza a anochecer… camino del Fresnedal.

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