Brunete tuvo una “Calle Larga”

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… recuerdo haber leído (en un Calendario Zaragozano) que está próximo el día de San Frutos: Patrón de Segovia. ¡No! En este siglo XXI, dicha fiesta ni nos va ni nos viene. No como antaño, cuando partían contratados nuestros “Danzantes de Espadas”; brunetenses de fama reconocida que viajaban allá donde se les reclamase.

La fecha en cuestión, no resulta agradable de recordar para el común de nuestro veraniego conciliábulo; sito en el “Mirador de Las Cruces”. Hace un año, un buen amigo nos dejó y, entre nosotros, mantenemos viva su memoria.

Mirador o reunión de ajustado copete. Donde, entre dimes y diretes, se tachan o corrigen… capítulos o pliegos. Y, no digamos, si tratan de darse una palmada en la frente o venírsele una cosa a las mientes. Que, todo escribano echa un borrón, por mucho que salga retratado en la contraportada de cualquier publicación.

Memoria que ignoran quienes todavía no están en cuarentena. Remembranza que es necesaria, aun castigada por el paso de las décadas, si queremos mantener la razón de ser de un pueblo: nuestra Villa de Brunete.

Escuchando la música de tan particular estudiantina, recojo para este nuevo artículo un recorrido singular que, a día de hoy, roza el olvido. Porque, no me discutirán que casi nadie recuerda cual era la denominada (popularmente) como “Calle Larga”, ¿verdad? Y les adelanto que no se trata de las calles Eras o Escorial. Tampoco la transitada Real de San Sebastián; ni ahora ni en tiempos, cuando en días festivos era paseada hasta El Ventorro. ¡No! La Calle Larga era un hervidero en las noches de verano, cuando sillas de mimbre en ristre, el personal salía al fresco y no eran pocos los corrillos que se hacían. Vía pública donde no faltaban comercios; ni pan ni zapatos. Incluso, en un extremo de la misma vivió el veterinario de mediados del siglo pasado. Un siglo XX, donde se abrieron, incluso, un bar y una Caja de Ahorros. Actualmente, se han sumado… un dispensador de medicinas, una tienda de ropita para niños o un bufete de abogacía. Es cierto, estoy refiriéndome a la calle de Los Mártires.

Una calle que antaño, comenzaba o finalizaba (según cada cual) en un barranco o en ese arroyuelo que, cuando la lluvia se ponía pesada, conducía su recogida hasta la eterna Laguna. Un barranco donde podía esconderse el Séptimo de Caballería. Y esa zona del arroyuelo, donde los chavales jugaban al toro, a la pelota o a lo que fuese menester; que el inventar de aquella generación era célebre (no perdían vista y servidumbre con videoconsolas).

Sobre dicha Calle Larga, en cuya inmediatez se rodó (hace muchos años) “La Villa Alegre” o donde, hasta hace poco, José Mota ha grabado su “Vieja del Visillo”.

Arteria de la almendra central brunetense que ronda los 400 metros de longitud (disculpen la ligereza de mi afirmación, pero calculé a ojo de buen cubero).

Por lo demás, mientras pueda seguiré disfrutando de la madurez y recuerdos de esos veteranos que, aún siéndolo, no dejan de mirar en lontananza; que una cosa no está reñida con la otra. Horizonte donde otean esa senda por la que transito, de cuando en cuando, con éste (mi) artículo.

¿Mi amiga? Hoy, no ha querido acompañarme. Cuando la conté el argumento, declinó mi invitación. Prefiere leer: “Cincuenta Sombras de Grey”. Espero que, al menos, hagamos juntos el comentario de texto…camino del Fresnedal.

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