Animales fabulosos en el Románico: el Grifo

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Por Luis Ruiz Calvo

Hace unos días, mi sobrino pequeño me dijo que había oído en una película de Harry Potter la palabra grifo y que en vez de ser eso de las cocinas, era un animal muy raro. Y es que desde hace tiempo, está de moda el uso de elementos de la antigüedad en el cine o en las muy afamadas series de televisión, llenas de poderes sobrenaturales y también de espadas, arcos y flechas. Así pues, le describí cómo era ese animal que se llama grifo.

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Portada de la iglesia de Moradillo de Sedano, Burgos.

El grifo está situado entre dos escenas de la matanza de los inocentes, posiblemente reubicado después de una reforma, ya que iconográficamente no suele situarse en esas escenas.

El románico utiliza todo lo que tiene a su alcance para obtener su fin, que es la difusión de un lenguaje que los fieles entiendan y por ende, alcancen la salvación de su alma, momento definitivo en el que se despojan de su dolorido cuerpo, en la mayoría de los casos, y alcanzan el descanso eterno.  Y así, utiliza la representación de santos, vegetales, animales y también, el muy afamado en la época Bestiario, que es donde se encuentran las definiciones de los animales fabulosos que han existido e incluso existen para los personajes de la época.

El Physiologus fue durante un gran período-s.XIII- el libro más seguido después de la Biblia y  fue elaborado en Alejandría allá por el siglo IV dC. Se escribió en varias lenguas e influirá en  muchos textos medievales como la famosísimas Etimologías de San Isidoro de Sevilla, que está en León; en Honorio de Autún o en Hugo de San Víctor. Describen características de los animales fabulosos, agrandándolas o tiñéndolas de un lado moralizante, aunque haya que inventarse cualquiera de sus cualidades. Surgirán multitud de animales fabulosos con sus características propias y también se les dotará, a los animales reales, de simbolismo y significado según digan de ellos los textos sagrados o según convenga al comitente.

Iremos viendo, en próximas entregas, animales como las arpías, los dragones, las anfisbenas, el centauro, las sirenas o el temido  basilisco, así como sus características para diferenciarlos y entenderlos. Esta primera entrada nos acercará al mencionado grifo. Este es un ser híbrido compuesto por la unión de dos animales sumamente significativos en el románico y prácticamente en toda la antigüedad. Está presente en Mesopotamia y las culturas persas y asirias, que es de donde arranca su iconografía, pasando por la Cultura Minoica representados en el Salón del Trono del Palacio de Cnossos, y en la Edad Media, donde iniciará el desuso de su representación. Estos animales son el león y el águila. Dos animales que en nuestro estilo representan, en la mayoría de ocasiones, la presencia de Dios Todopoderoso, tanto en el cielo con el ave, o en la tierra con el león.

Este cuadrúpedo alado con cuerpo de león y busto y garras de águila, tiene como principal característica la fuerza, pero la fuerza del bien dentro de esa dicotomía clásica del románico del bien y el mal, pues son animales positivos y la mezcla de los dos, aúna e impulsa más si cabe, sus cualidades. Desde la antigüedad, se le asocia con los lugares dónde hay oro y piedras preciosas de gran valor. Debido a ese dato aparece en sitios en que hay objetos o lugares que custodiar y un buen lugar que custodiar siempre puede ser un palacio, estancias reales en las que pudiese haber riquezas y claro está, en el arte cristiano, un templo, dependencias eclesiásticas, derivándose también a la custodia de tumbas y enterramientos de importancia. En el románico el grifo asirio es el más representado, que es como hemos citado anteriormente de cuerpo de león y alas y cabeza de águila, pero también existen otros tipos como el persa o el caldeo.

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Panteón de nobles del monasterio de San Juan de la Peña, en Huesca.

En la fotografía que mostramos arriba, se observa un grifo en un sarcófago del  Panteón de Nobles del monasterio de San Juan de la Peña en Huesca. Aquí comprobamos la situación de custodiar un lugar sagrado e importante, pues para el noble en cuestión allí enterrado, era primordial que alguien guardase y protegiese su cuerpo mientras que los frailes, gracias a sus rezos elevaran su alma  a los cielos.

En la Edad Media uno de los personajes de la Antigüedad a quien se le tenía en buena estima, era Alejandro Magno. Y evidentemente, se le utilizó para enseñar al pueblo alguno de los pecados. Basado en una leyenda persa, la nueva leyenda cuenta que Alejandro pasó por unas tierras donde le hablaron de unos seres fantásticos y monstruosos. Estos animales eran grifos.  Tomó a dos de ellos y les dejó una temporada sin comer. Después de atarles a su escudo y poner en dos lanzas unos trozos de carne, se subió en ellos y estos, hambrientos iniciaron el vuelo  para conseguir la comida. Alejandro buscaba llegar al cielo para, desde allí, contemplar todo su imperio.

Antes de llegar al cielo unos ángeles del Señor le detuvieron y le hicieron volver a la tierra, no sin antes, darse cuenta de su error al querer emular a Cristo y su ascensión a los cielos, aunque me temo que el macedonio no lo haría de buena gana. Este episodio se utilizará para demostrar a los fieles el pecado de la soberbia y el orgullo de los hombres cuando intentan parecerse a Dios.  En el claustro de la Concatedral de San Pedro de Soria encontramos un capitel con esta representación.

Encontramos  grifos y los reconoceremos fácilmente en todos estos lugares, entre otros: en el monasterio de San Cucufato (San Cugat) del Vallés, en Barcelona hay un capitel con magníficos grifos rampantes; en la pila bautismal de Colmenares de Ojeda, pueblo de mi Palencia querida; en un lateral del sarcófago de Doña Sancha, que se realizó en Santa María de la Seros, Huesca; en Santo Domingo de Silos de elegante y perfecta factura, como todo el claustro bajo;  en San Claudio Olivares de Zamora románica y modernista, en Cantabria Infinita en el claustro de Santillana del Mar, en Segovia en la iglesia de Santos Justo y Pastor de Sepúlveda, ya con fueros en el 940; en fin, en numerosas ubicaciones, todas ellas preciosas y recomendables.

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Capitel del claustro de la Concatedral de San Pedro de Soria. Ascensión de Alejandro, aquí, tomando a los grifos del cuello.

Comments
  1. Cris

    Artículo muy interesante pero con una pequeña errata: el sarcófago de Doña Sancha procede de la iglesia de Santa María en la localidad de Santa Cruz de la Serós.
    ¡Saludos!

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