¡Al rico helado!

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Comienza el calor, los termómetros pasan de los 30º sin ruborizarse y empezamos a sentir la necesidad de refrigerarnos a toda costa. Lo primero que se nos viene a la mente son la vacaciones, la playa, la piscina, el río, el pantano… pero también la cervecita en la terraza o el aire acondicionado de casa.

Es una época del año capaz de retrotraernos a la niñez. Algunos lectores recordaréis  aquella infancia veraniega en la que íbamos a bañarnos al río con nuestros padres. Ellos, que llevaban la sandía y las coca-colas para meterlas en el río y así lograr que se mantuviesen fresquitas. También llevaban la ensalada campera de toda la vida, tortillas de patatas, algún filetillo que otro y, cómo no, la pertinente bolsa de patatas fritas y el bote de aceitunas. Los niños vestíamos un pantaloncito corto que deseábamos quitarnos lo ante posible, porque debajo llevábamos el bañador y, claro está, había dos cosas que estabas deseando hacer: la primera, meterte en el agua; la segunda, que te perdonasen el postre y te dejasen comerte un helado del quiosco que, recordabas de otros años, por allí andaba.

Además de recordar aquellos veranos, vamos a hablar de los helados. Esos dulces, cremosos y fríos, inventos que, a todos aún sin ser unos críos, nos gustan. Así, pues, vamos a pasar directamente a desmitificar a ese terrible monstruo acumulador de grasas, capaz de echar a perder el cuerpo diez que queremos para la playa, ya que mucho de lo que se cuenta de él no es ni mucho menos verdad.

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Los helados, y entendamos por helado al elaborado con leche (pues el que no la lleva es un polo compuesto de agua, edulcorante y azúcar), nos aportan una gran cantidad de calcio. De hecho, un helado es capaz de cubrir un 15%, más o menos, de nuestras necesidades de calcio diario. Si son artesanales, además, tan solo cuentan con un 6% de grasa.

Por supuesto, como es evidente, nos aporta las propiedades de la leche, tales como su principal proteína que es la caseína (80%) y cuya ventaja es que es de absorción lenta, con acción anticatabólica (ayuda al crecimiento muscular) y que, debido a esa lenta absorción, es capaz de generarnos una sensación de saciedad, lo que nos ayudará a no comer más de la cuenta. También contiene vitaminas del grupo B, minerales y fibra.

Determinados estudios, realizados en Estados Unidos, apuntan a que fortalece la masa ósea, algo que parece obvio, pues el calcio del helado con la vitamina D que sintetizamos gracias a los rayos del sol del verano, hace que nuestros huesos sean más resistentes, tal y como ya contamos aquí en el artículo de ¿Tomar el sol? Descubre sus efectos positivos y negativos.

A todo lo anterior, debemos sumarle que ayuda a controlar la tensión arterial, prevenir las piedras en el riñón y revitalizar el sistema inmunológico, es apto para diabéticos ya que la grasa que contiene retrasa la absorción del azúcar, sirve para cicatrizar y reducir inflamaciones en las amígdalas, con lo que el mito de que hace daño a la garganta se cae de un plumazo.  Por si fuera poco, otro estudio, este de la Universidad de Harvard, afirma que el consumo de lácteos como los helados, beneficia la ovulación.

En fin, como podéis ver son todo ventajas, pero, como resulta evidente, los beneficios vienen del consumo de productos lácteos, en este caso el helado, lo cual es una buena noticia para todos a los que nos gusta y que, de algún modo, nos autoriza a comerlos a lo largo de todo el año.

No obstante, y lo anterior, se hace preciso aclarar que el exceso de cualquier alimento no es saludable y los helados, además de leche, contienen azúcar en gran cantidad, lo que unido a la lactosa (azúcar de la leche), nos da dos potenciales problemas, el primero, es la ingesta de energía que si no quemamos podemos acumular en forma de grasa, y la segunda, es el peligro para nuestros dientes, un exceso de hidratos de carbono puede producir caries.

Sin embargo, hoy en día tenemos la opción de comprar helados sin azúcares añadidos, los cuales saben igual de bien en los otros y los puedes encontrar en casi cualquier sitio. En cualquier caso, si el consumo es moderado, no existe ningún problema y si, además, no contiene azúcares añadidos, no existe razón para no comerse uno al día.

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