“Abuelita, ponme el pañuelo”

Por Inmaculada Moreno Aznar

Relato finalista en del Certamen de Relato Corto “Por la Igualdad” que convoca el Ayuntamiento de Brunete, 2018.

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¡Abuelita, ponme el pañuelo!

Así terminaba aquel ritual que había comenzado la noche antes, cuando las manos de mi abuelita cogían las llaves del arca que estaba, y sigue estando, en la sala presidida por el cuadro de la Señora. La llave giraba, sonaba un clic al abrir, y al levantar la tapa, un olor a alcanfor inundaba la habitación.

Mi abuelita iba sacando todas las prendas que, un año antes, pasada la Feria, se habían vuelto a guardar. El pañuelo de tres cenefas, las enaguas de boda de la bisabuela Guadalupe, las medias del perejil, las sayas, el jubón, la mandileta, todo de la tía Pupe, la preciosa faltriquera de terciopelo y seda, también de la bisabuela…y los zapatos de tafilete negro con botones que, un año que yo no tenía zapatos, mi abuelita había sacado de su maleta de la mortaja y me había regalado para vestirme de aldeana.

Aquel ritual continuaba más tarde con la plancha. Eran entonces las manos amorosas de mi madre las que iban, una a una, quitando las pocas arrugas que, de estar guardadas, las prendas tenían. El vapor de agua mezclado con el olor a alcanfor que las impregnaba, es un peculiar aroma único y absolutamente reconocible por mí: huele a las mujeres de mi pueblo.

Subíamos después a la viña de tía Victoria. Esa mujer de tanto carácter, imponente, había cortado lirios, azucenas, calas, rosas, margaritas, jazmín…Mi madre las ataba con una cinta y las metía en un cubo con agua, al que había que añadir siempre una aspirina, que era el remedio mágico para mantenerlas tersas hasta la mañana.

Cuando  las campanas comenzaban a sonar a eso de las ocho y media de la mañana, llamando a los fieles a la novena de las nueve, yo abría los ojos en mi cama. Había que apresurarse…La hora de la ofrenda llegaba sin darnos cuenta.

¡Niña, lo primero el moño! Mi madre cogía el peine, el cepillo y las horquillas, y con manos expertas me recogía el pelo en un precioso y alto moño. Nunca me gustó ese otro peinado de las cocas y el picaporte…Después las medias, las enaguas, el jubón, las sayas…. faltriquera y mandileta…Los zapatos de tafilete…¡ Abuelita, ponme el pañuelo! Entonces mi abuelita cogía la cajita de los alfileres. Negros, con cabeza gorda y muy finos, para no estropear el antiquísimo pañuelo. Y con liturgia especial, prendía el pañuelo en mi espalda. Entonces, yo sentía que tenía detrás a todas las mujeres a través de las cuales venía mi vida. Poco a poco, sin prisa, con manos expertas que se movían solas, iba colocando y sujetando los pliegues por delante…Lo cruzaba, el derecho sobre el izquierdo…  ¡Date la vuelta! ¡Ya está! Y me prendía el alfiler en el centro del pecho, muy cerca del corazón para que nunca olvidara ese amor profundo de todas y cada una de ellas.

Seguidamente cogía el aderezo, me lo centraba y me lo abrochaba. Chupaba el broche de los pendientes de calabaza para que no me hicieran daño al entrar y me los ponía. Y al final, el lazo en el moño…Y su sonrisa….Mi abuelita no era muy alegre. La vida había sido muy dura con ella. Pero ese día, al verme vestida con aquellas ropas que habían pertenecido a sus antepasadas, me miraba orgullosa… ¡Y sonreía!

Muy despacio, subía las escaleras hasta la sala de arriba y allí descolgaba el cántaro de su madre, mi otra bisabuela, metía en él el ramo de flores y me lo daba. Y en aquella entrega, era como si quisiera decirme: mi niña, toma el testigo; recoge todo lo bueno que viene a través nuestro; sé fuerte, valiente…Pero, sobre todo, atrévete, ama, vive y sé muy feliz.

Después del paso de los años y de todo lo vivido, con la nostalgia propia del paso de la vida, cierro los ojos y, abriendo absolutamente mi corazón y mi alma, veo la sonrisa de mi abuela…Entonces, de mis labios, como en un susurro de amor que me conecta con todas aquellas que ya están junto a la Señora que dio la vida a Aquel que Fue, Es y Será, se desprende muy bajito un enorme y emocionado…¡Gracias por ser una de las vuestras!¡Gracias por ser MUJER!

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